18. Malas decisiones

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- Vamos Al, una última copa y prometo sobriedad el resto de la semana –intenta convencerla Jerome, llamando al mesero, ella se lo permite. Daven tuvo que marcharse un poco antes de lo planeado de la comida preparada para que Jerome les informara de su primer plan para la empresa y Alexa ha dejado que el alcohol la distraiga un poco.

- Deberíamos ir a mi apartamento –suelta ella, sin pensarlo demasiado. Jerome lo piensa aún menos e indica que necesita la cuenta, además de que la botella que han traído será para llevar.

- ¿Recuerdas Puerto Rico? –Pregunta él, ya se encuentran dentro del auto que los conducirá al apartamento de ella.

- La peor resaca de mi vida –comenta Alexa.

- Tres días sin salir del hotel –agrega Jerome, rememorando aquel viaje.

- Dios, fue nuestra primera escapada juntos ¿cierto? –Recuerda Alexa.

- En tu último semestre en la universidad –dice Jerome, asintiendo–, ahí aprendí que Alexa Koch no tenía idea de viajar low cost –ríe él y ella no puede evitar hacerlo.

- Se suponía que lo financiaríamos con tu sueldo de profesor ¿recuerdas? –ríe ella y él asiente, con una sonrisa en el rostro– ¿cómo iba a saber que ganabas tan poco? –Jerome ríe fuerte.

- "Mi padre nunca revisa mis gastos" –la imita Jerome y ella ríe nuevamente– la excusa perfecta para cambiar de hotel, cenar en restaurantes costosos, alquilar un yate...

- Me odiaste –él asiente.

- Un poco, no voy a mentir, pero era tu vida... me refiero a que jamás habías vivido con el sueldo de un profesor –ríen de nuevo y el chofer termina de colocar el auto en posición para que bajen.

Alexa guía a Jerome hasta el interior de su apartamento, le señala que se siente, mientras ella se encamina a buscar el par de copas que necesitan para acabar con esa última botella de vino de la noche.

- ¿Qué pensaste Al? –Pregunta de la nada Jerome, mientras destapa el vino y ella le acerca las copas.

- ¿Sobre qué?

- Sobre amar a alguien que jamás podría pagar tu estilo de vida –ella sonríe con cierto aire de melancolía.

- Primero que mi padre me odiaría por ello, pero no me importaba realmente... siempre pensé que yo pagaría mi estilo de vida, nunca me imaginé como mujer de un hombre que hiciera tanto dinero como para que sintiera que debía hacerse cargo de mí –Jerome sonríe.

- Sigues siendo encantadora –bromea y ella da un gran sorbo de vino.

- Siempre quisiste una esposa trofeo ¿no?

- Te quería a ti, idiota –es su respuesta y Alexa bebe de nuevo, casi terminando con la copa.

- Como esposa trofeo...

- No, Al... te quería a ti, fuerte, deseando darle rumbo a todo, propositiva, poderosa...

- Me dejaste en el altar, con el vestido más costoso y estúpido que he usado en mi vida, la cosa de mi cabeza tenía diamantes –ríe al recordarlo– y una pluma –agrega–... Jerome, fue el peor día que he pasado...

- ¿Porque la gente vio tu dolor, porque todos notaron que eras tan humana como ellos y te sentiste débil?

- No, lo fue porque confiaba en ti ciegamente...

- Lo...

- No, no digas que lo lamentas, ha pasado el tiempo suficiente para que te lo perdonara sin necesidad de escuchar esas palabras –Alexa llena su copa una vez más y bebe.

- Preferiría volver a los buenos momentos –comenta él, después de beber y observarla con detenimiento.

- He tomado demasiado –susurra ella y se sienta junto a él–, ahora puedes besarme.

- No es el momento...

- Para ti nunca es el momento –se queja ella y él sonríe.

- No sabes cuánto deseo sentirte mía de nuevo, pero tú lo dijiste, estás muy ebria y por la mañana sé que te arrepentirías, no quiero te arrepientas cuando suceda –aclara y ella niega, llenando las copas una vez más.

- Bebe –pide ella como respuesta, señalando la copa.

En silencio continúan un par de copas más, él se dedica a observarla con detenimiento mientras ella intenta encender un cigarrillo y no logra atinar el fuego. Él toma el encendedor de entre sus dedos y sosteniendo su mano derecha por la muñeca, le acerca lentamente el fuego y ella finalmente fuma.

- Sigo odiando el tabaco –comenta él y recuesta su cabeza en el respaldo del sofá.

- Lo imaginaba, siempre preferiste la marihuana –bromea y él ríe.

- Una vez, fumé una vez y estaba contigo –le recuerda, intentando dejar claro que ha mentido.

- ¿Siempre has sido un buen chico? –Él ríe.

- Por supuesto –ella niega.

- ¿Y de dónde sacan tantas mentiras las revistas? –Él eleva los hombros y cierra unos segundos los ojos.

- No lo sé Al, es como cuando creen que Jankovic es el tipo perfecto, pero en realidad tiene un pasado más sucio que mi presente inventado –Alexa asiente, sin realmente escuchar a Jerome.

- Vamos a dormir –pide.

Entran a la habitación de Alexa y enseguida Jerome se sienta sobre la cama, se deshace de los zapatos y le señala a la mujer que llene nuevamente su copa.

- ¿Sabes, Al? –Comienza a hablar, después del primer trago– No era necesario que me hirieras de esa manera en Tenerife... yo habría firmado si hubieras intentado hablarlo conmigo de una manera adecuada...

- Yo...

- No, no... no quiero que te sientas mal, pero de verdad necesitaba sacarlo, necesitaba que lo supieras –ella asiente y bebe de golpe el contenido de su copa.

- Mi papá tiene razón, a veces no pienso las cosas de manera adecuada... me dejo llevar por ideas que surgen en el momento y...

- No... él nunca ha tenido razón, Al. Nunca sobre ti... tal vez te aventuras demasiado en tus decisiones, pero eso te hace poner el corazón en cada proyecto que emprendes, eres una de las mujeres más fuertes que he conocido jamás y él ha desperdiciado tu potencial alegando que no eres lo suficientemente madura... ¿sabes qué? A la mierda tu padre... tú deberías estar al mando de esa empresa porque conoces hasta sus entrañas y él debería estar ahí para guiarte en los baches que pudieras encontrar...

- Estás muy ebrio –suelta Alexa, con los ojos en lágrimas.

- Pero digo la verdad –responde él, acariciando su mejilla y después besándola con delicadeza.

- Jerome... -susurra ella mirándolo a los ojos.

- Perdona –se disculpa él y se aleja para beber de nuevo.

- Eres un idiota –agrega ella y después entra al baño a vomitar.

- ¿Alex?

- ¿Qué? –Pregunta ella desde el baño.

- Sólo contigo puedo ser un idiota –lo dice casi en un susurro.

- Y yo –susurra ella, segura de que no la escucha.

¿Quién es el jefe?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora