LXI

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Gabriel entro de golpe en la habitación de Adrien, este se exaltó, su relación seguía normal los últimos días, pero el rubio aun no sabia como mirarlo, a pesar de que pasaron unas semanas desde que se entero la verdad, parecía no poder asimilarlo.

─Adrien─ hablo este sentándose en el sofá que había en esa habitación ─¿Podemos hablar?─ musitó tranquilo

─Claro─ respondió sentándose a su lado, pensando que tal vez este le contaría la verdad, quitandole un gran peso de encima

─Los últimos días estuve sintiendo cosas─ hablo con dificultad ─Me duele tener que olvidar a tu madre, pero creo que por fin mi corazón lo a hecho─ suspira, el rubio sonrie con calidez ─Quiero contarte de quien me enamore y saber si te molesta que ella algún día ocupe el lugar de tu madre

─¿La conozco?─ pregunto haciéndose el desentendido como si el no supiera los sentimientos de su asistente por el

─Claro que la conoces─ sus colores suben a su rostro ─Me enamore de Nathalie─ soltó sin rodeos mientras sus mejillas se tornaban de un rojo intenso

─Es la mejor opción padre─ contesto con alegría ─¿Como podría molestarme que Nathalie ocupe el lugar de mama?, si después de todo es de la única que tengo memoria siendo una

El adulto sonrió bobamente; el tenía razón, su madre se fue cuando era muy pequeño, y la que paso más tiempo a su lado había sido aquella mujer, la cual no ocupo bien ese rol por culpa suya, por el recelo que tenía de que alguien llenará el hueco que la rubia dejo, pero que sin darse cuenta ya lo había hecho, ella era la mujer de esa casa, la que velaba por ellos y los protegía.

─Estoy planeando un viaje─ agrego de pronto ─Iremos a Buenos Aires─ musitó con tranquilidad ─La París americana─ acotó levantándose ─Ahí le pediré que sea mi prometida

─Suena genial, yo te ayudo─ replicó este parándose

─Gracias hijo─ suspira ─Puedes traer unos amigos si quieres─ vuelve a su semblante serio

─¿En serio?─ el asiente ─Gracias padre─ lo abraza, este corresponde y se quedan asi por unos minutos

─Adrien─ resonó una voz femenina en el pasillo, ambos sonrieron ante eso ─Tienes sesión de fotos en quince minutos─ agrego, y luego sintieron como unos tacones se alejaban hacia el final del pasillo

─¿Creo que es momento de buscar mueva asistente, no crees?─ comento picaro el de mirada esmeralda, el mayor río

─Creo que si─ suspira ─¿Estará de acuerdo?

Ambos rieron y luego salieron juntos de la habitacion, Nathalie estaba en la suya, era extraño casi nunca se recluye ahí durante el día, siempre ronda los pasillos supervisando que todo salga como ella lo coordina, y si no es así se molesta mucho.

Dentro de la habitación Nathalie hablaba por teléfono, había recibido una llamada importante, aquella persona llevaba años sin contactarla, pero ahora lo hizo.

─No entiendo porque ahora─ bufo la dama sentándose en la punta de su cama

¿Que parte de enferma terminal no entendiste?─ replicó una voz del otro lado, la mujer apretó el teléfono con dolor

─¿Y por que en Buenos Aires?─ se quejo ─Aquí están los mejores profesionales─ acotó desviando su vista

Hija, se que tenemos tiempo sin hablar, pero vivimos aquí hace catorce años, y la enfermedad de tu madre le prohíbe viajar, por favor ella lo único que quiere es verte. . .hizo muchas cosas mal, pero no se lo niegues en el estado que se encuentra, ten algo de piedad─ concluyó en tono melancólico 

No te prometo nada, veré si puedo arreglar mi trabajo e ir─ suspira ─Dale un beso de mi parte a mama, y pídele disculpas si no consigo ir

Esta bien hija. . .espero lo logres, se que puedes; no te quedes con el remordimiento.

Nathalie colgó el teléfono y lo guardo en su chaqueta, algunas lágrimas cayeron por sus mejillas, odiaba la situación, sus padres le habían dado la espalda y ahora regresaban a su vida como si nada.

Seco sus lágrimas y salió al exterior con su rostro reflejando tristeza, Gabriel se encontró con ella en el pasillo, quiso hablarle pero ella lo ignoro, iba metida en su mundo, algo malo pasaba, ¿pero que seria?.

Las horas pasaron y Nathalie volvió a la mansión junto con Adrien, su rostro estaba más tranquilo pero aún reflejaba algo de tristeza, al entrar los dos se dirigieron a la sala y se sentaron uno frente al otro, algo extraño ya que el rubio siempre se iba a su habitación.

─¿Pasa algo?─ pregunto la dama algo cansada

─No─ contesto seco

─¿Y que haces aquí?─ pregunto mirándolo

─Estoy aquí mirándote─ respondio en tono burlón

─Adrien. . .no estoy para bromas─ suspira

─Nathalie solo quería pasar más tiempo contigo, pero si no quieres me retiro a mi habitación, disculpa─ se levanta

─No, tranquilo, quedate─ suspira ─Yo debería disculparme, no debo tratarte así─ baja la mirada el joven se sienta

─¿Te encuentras bien?─ pregunto con temor, ya que recordó lo que dijo cuando entrego el prodigio

─Excelente. . .solo estoy cansada.

El timbre de la mansión sonó descolocadola, Adrien le dijo que se quedara quieta que el respondería, acto seguido se levanto y fue hasta el escritorio de esta para atender el portero, tardando solo unos minutos en volver a su lugar.

─¿Quien era?─ pregunto curiosa

─Era Lena─ dijo en tono alegre, la mujer entre cerro sus ojos con notoria molestia

─¿Que hace aquí?─ se quejo ─Ella estaba trabajando para Masiel─ acotó mientras sacaba su celular para checar la hora

─No lo se, papá la llamo─ intenta ocultar su risa, la contraria estaba celosa

─¿Para que?─ se quejo ─Salgo unos instantes y ya trae a otra para hacer mi trabajo─ musitó muy molesta sin medir sus palabras

─Relájate Nathalie, seguro papa te vio cansada y quiere darte ayuda─ dijo pícaro

─No necesito ayuda─ bufo levantándose

─Quédate aqui─ le ordenó ─Descansa y charlemos─ la mujer lo mira y se sienta ─Le diré a Ana que nos traiga algo de cafe─ ríe ─No te muevas por favor, hoy vas a descansar─ sale del lugar

─Lena─ dijo rodeando sus ojos ─¿Por que diablos tienes que venir ahora?─ gruñó revisando su celular 

Miraculous: El precio de nuestro amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora