LXVIII

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Gabriel abrió sus ojos, rezagado por el día anterior; se la pasaron dando vueltas por todo Buenos Aires, había lugares hermosos, y las horas no les alcanzaban para recorrer todo. La luz que entraba por la ventana lo cegó por unos instantes, en cuanto pudo aclarar su vista, se encontró con la figura de Nathalie a unos centímetros delante suyo, aun tenia su Pijama, y miraba por la ventana, con su mano izquierda sostenía la cortina para poder ver hacia afuera, y con su mano derecha acariciaba su collar, el cual solo se quitaba para dormir, era su nuevo tesoro más preciado.

─¿En que pensas?─ pregunto con su voz ronca, propia de recién levantarse, la mujer sonrió y soltó la cortina

─Los chicos están en la plaza─ dijo girandose ─Salieron temprano. . .me agrada verlos tan unidos─ acotó con una sonrisa ─Pero tengo miedo─ musitó preocupada

─¿Que pasa?─ cuestionó levantándose, su tono no le agradaba

─Ven y veras─ contesto, ahora ambos estaban en la ventana, mirando hacia la plaza, Nathalie sostenía la cortina y Gabriel espiaba por la abertura como si fuera todo un agente secreto ─Ahí está Adrien tonteando con Nino─ relato mientras el hombre fijaba su vista en los chicos ─Y por allí las chicas─ continuo hablando, el hombre cambio su objetivo y se concentró en las jóvenes ─Ella esta enamorada. . .completamente enamorada, y el─ hace una pausa ─Creo que no sabe lo que tiene en frente─ suspira

─¿¡Marinette y Adrien!?─ exclamó el platinado dejando de mirar hacia afuera, concentrado sus ojos en el bello rostro de su novia ─No puede ser cierto─ ella asintió ─Me agrada─ acotó con una sonrisa

─Quise ayudarlos, pero no pude─ baja su vista ─Temo que esto─ toca su collar ─La inspire. . .y termine lastimada─ concluyó triste

─No lo creo─ replicó ─Miranos a nosotros─ la abraza ─Confío en mi hijo─ acotó besando su mejilla

─Yo también confío en su hijo─ comento entre risas

─Nuestro hijo─ aclaro risueño

─Gabriel─ lo reto ─No es asi─ suspira rendida intentando escapar de los brazos del hombre

─¿Pensé que lo querías?─ menciono melancólico, aplicando más fuerza en el agarre

─Lo quiero, pero no voy a reemplazar a su madre, ya hablamos de esto─ se quejo y logra soltarse

─El te quiere de esa forma. . .

─Dejemoslo aquí─ lo interrumpió ─Iré a bañarme para ir al jardín─ aviso y se encaminó al baño

─¿Podríamos?

─¡No!─ le advirtió adivinando lo que iba a decir, aun no se merecía tal confianza

Horas mas tarde todos se habían juntado para partir hacia el jardín japonés de Buenos Aires; como el lugar estaba cerca, y Adrien insistía, esta vez decidieron tomar el transporte público; caminaron con tranquilidad hasta las plataformas de Metro bus ubicadas en la avenida Ramos Mejia, y ahí tomaron el colectivo numero ciento quince; el transporte estaba impecable, y parecía una unidad nueva, contaba con aire acondicionado y asientos muy cómodos.

─Padre, mira, también hay una estación de tren─ comento el rubio con emoción señalando las vías que había a un costado de la calle

─Que lugar curioso puede ser Buenos Aires, tenemos todo junto─ acotó Nathalie observando por la ventanilla

─Ridículo─ se quejo Chloe desviando la mirada

Todos rieron ante la intervención de Chloe, la ciudad era realmente hermosa, y esa combinación de urbanismo y gran ciudad les encantaba, las personas tenían razón al llamarla la París americana, solo les faltaba la torre y estarían completos.

Tras varios minutos de viaje llegaron al lugar, bajaron del transporte y entraron, era más que bello, incluso Gabriel se atrevió a decir que lucia más hermoso que el propio Japón.

Estuvieron ahí durante varios minutos hasta que Adrien sugirió ir a ver el rosedal  elevado que había en el lugar, todos fueron mientras las adolescentes del grupo se escabullian sin que Nathalie se diera cuenta, al llegar al lugar pautado, la azabache observó las rosas maravillada; hasta que su vista reconoció a las tres chicas amigas del modelo, sosteniendo unos carteles, las tres estaban escondidas entre los rosedales.

─Quisieras─ leyó en voz baja mirando a Chloe, esta sonrió y señaló hacia su costado ─Tener─ continuó leyendo ahora posando su vista en Marinette, la de coletas río al igual que la rubia y después le indico que mirara a la morena ─Una cita─ agrego y Alya señaló hacia su lado, esta giro su vista y se encontró obviamente con el diseñador

─Conmigo─ susurro, girando su cabeza delicadamente para hacer contacto visual con ella, la de lentes se sonrojo notablemente, parecía un tomate

─Gabriel─ musitó sin evitar pintar una sonrisa boba en su rostro ─Claro que quiero─ respondió y se abalanzó sobre el para abrazarlo

Las chicas bajaron del lugar, y se acercaron al resto, los adultos seguían abrazados, Adrien y Nino sugirieron ir a comer al puesto de hamburguesas que había dentro del lugar, y dejar a los adultos con algo de privacidad.

─Ven─ hablo el platinado separándose de ella ─Vamos al restaurante, ya tengo nuestra mesa lista─ comento guiandola

El restaurante era inmenso, en la planta baja se encontraban las mesas, y en la planta alta había un pequeño museo con un balcón para visitar y admirar todo el lugar desde arriba.

Los dos se acomodaron en la mesa y pidieron un menú bien oriental; la cita transcurrió entre bromas y juegos que estos hacían, parecían dos adolescentes teniendo una aventura.

─De verdad me encanta todo de ti─ alago Gabriel posando su mirada sobre la mujer

─Y a mi de ti─ replicó extendiendo sus manos sobre la mesa para tomar las de el

─Sabes─ dijo bajando su vista, escondiendola en su copa ─Quiero pedirte disculpas, me porte muy mal contigo─ suspira ─No entendía lo que me pasaba, y mi única forma de controlarlo era siendo un idota─ levanta su mirada ─Pero ahora se que es amor, y prometo que no te volveré a tratar mal

─Eres un tonto─ musitó sonriendo ─Te perdono─ replicó y se levantó para besarlo

─Gracias amor─ agradeció viendo como de sentaba ─La vista es hermosa, pero creo que es mejor verte a ti

─Basta que me sonrojo y no quiero─ bufo desviando su vista para mirar por la ventana

─Soy un gran fan de tu sonrojo─ contesto picaro

La azabache no contesto a tal piropo, por la ventana había visto como Marinette corría a toda velocidad, con una cara de espanto, cuando Nathalie reaccionó vio pasar a Alya en la misma dirección, sumamente preocupada.

─Demonios─ se quejo llamando la atención del diseñador

─¿Que pasa?─ pregunto alarmado mirando hacía donde ella miraba, y ahí vio como su hijo corría desesperado hacia un lugar que el desconocía ─No me digas

─Si te digo─ se levanta ─Creo que solo a nosotros nos va bien en el amor─ acotó desilusionada

Gabriel se levantó y ambos salieron del restaurante, rogaban que lo que pensaban no sea cierto, y Adrien no se haya atrevido a romperle el corazón a esa joven en medio del viaje. 





Miraculous: El precio de nuestro amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora