Capítulo 40

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Mi pequeña reunión de té fue mucho más interesante de lo que pensé que sería. Al final no necesité ir por mí misma en busca de pruebas para chantajear a la Duquesa Castiello, las pruebas vinieron solas a mí.

Luego estaba la Marquesa Monique, con quien pedí hablar a solas antes de que se marchará. Sin contar muchos detalles, acepto tener un trato conmigo y trabajar juntas.

Todo estaba yendo de maravilla, ahora me encontraba relajándome en el jardín, con Hades acostado sobre mi regazo y un libro en mi mano. Era mi momento de paz, después de tanto tiempo estando estresada.

Casian estaba en el despacho de su padre, probablemente hablando sobre la sequía que había azotado su ducado. Era bastante agotador llevar la responsabilidad de ser un noble Duque.

Me puse de pie lentamente, dejando a un lado a Hades mientras trataba de no despertarlo, cuando me liberé del cachorro solté un suspiro y con el libro entre mis manos me puse de camino a la mansión.

Todo estaba más tranquilo y era relajante, caminaba por los pasillos de la mansión y todo se encontraba en silencio, sin embargo veía mayordomos y mucamas ir de aquí para allá.

-¿Cómo fue su dichosa fiesta de té? -La voz de Blaine hizo que me detuviera de golpe.

Me gire para mirarlo, ya que se encontraba detrás de mí. Tenía un semblante serio, no como otras veces en las que nos vimos, lo cual me hizo darme cuenta de que ya sabía que le había robado los documentos que hablaban de Charlotte.

-La verdad que fue muy agradable, gracias por preguntar.

-Sabe, ayer estuve buscando en mi escritorio los documentos que le enseñe sobre su futura cuñada y, no sabe la sorpresa que me llevé cuando descubrí que habían desaparecido -Me miró esperando una respuesta-. Al principio pensé que usted podría haberlos robados pero, ¿Cómo podría usted robar algo?

-Sinceramente, señor Blaine, si es usted tan despistado como para perder unos documentos tan importantes como esos creo que el Duque Ian tuvo una buena decisión al elegir a Casian como el próximo Duque -Por la mueca que puso pude darme cuenta fácilmente que eso lo molesto.

-Cuide sus palabras -Se acercó unos pasos a mí.

-¿Eso es una amenaza? -Pregunté en un susurro.

¿Le temía a Blaine? No lo sabía pero toda esta situación me tenía incómoda y con los pelos de punta, quería mantenerme alejada de él lo más rápido posible.

-Puede tomarlo como una -Volvió a acercarse un paso más-, sé que fue usted quién robó esos documentos.

-Así es, fui yo -Dije harta mientras me alejaba de él- ¿Qué hará al respecto?¿Llamar a su madre para que me regañé? -Me burlé- No le tengo miedo ni a usted ni a la Duquesa, es mejor que deje de andar merodeando cerca de mí o la próxima amenaza será para usted.

-No le tengo miedo a las simples palabras vacías de una pobre mujer, usted no es nada -Escupió cada palabra con rabia y volviendo a acercarse a mí.

-Si fuera “nada” usted no estaría aquí sintiéndose amenazado por mi simple presencia -Lo miré de arriba a abajo con desprecio-, no es más que un pobre niño tratando de ser un hombre.

Lo dejé con la palabra en la boca y me giré, él tan solo se quedó parado en medio del pasillo. Me estaba hartando de esta casa y sus dos problemas, lo bueno era que ya tenía a Lucia Castiello en la palma de mi mano, tan solo debía encargarme de que Blaine no volviera a dirigirme la palabra siquiera y podría volver a estar tranquila.

¿Debería hablar con Casian acerca de Blaine?

Por más idiota que sea Blaine seguía siendo su hermano, no estaba segura si me creería a mí o a él. Además de eso, tenía miedo de que no creyera en mí, lo cual era absurdo ya que nos conocíamos hace tan solo unos pocos meses.

Había una gran probabilidad de que si le llegara a hablar sobre todo lo que sucedió, no me creería a mí, podría incluso tratarme como si fuera la enemiga que quiere alejarlo de su hermano.

Tenía miedo de que todo lo bueno que tenía con Casian se acabará por culpa de su estúpido hermano, tal vez por eso prefería callar.

De todas formas, no solo era eso lo que tenía en mi mente. Alec Bonavota se volvió una imagen recurrente que aparecía y me robaba el aliento, lo cual me causaba confusión.

¿Podía sentirme atraída hacia dos personas al mismo tiempo?

Quería que alguien apareciera y me dijera lo que tenía que hacer, que me ayudara con todo el remolino de problemas que hay en mi vida últimamente.

Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta cuando me quedé parada frente a la puerta del despacho del Duque Ian.

¿Mi cabeza me trajo aquí inconscientemente para poder ver a Casian?

Sin perder más tiempo entre sin llamar a la puerta antes pero no había nadie dentro, lo cual me desilusionó. Fui hasta el escritorio y tomé asiento, miré el techo mientras soltaba un suspiro.

¿Podría arreglar todo rápido y alejarme de una vez por todas de las venganzas, los problemas, secretos?

Volví a bajar mi mirada, esta vez a la mesa frente a mí, habían documentos esparcidos, parecía como si Casian se hubiera ido tan rápido que no tuvo tiempo de acomodar nada.

Estaba a punto de irme cuando un papel llamó mi atención, era una carta con una caligrafía que me resultaba familiar, la tomé en mis manos.

Una carta del Duque Vel Laviti.

Al principio no me pareció raro, los duques se escriben a menudo para arreglar negocios o simplemente por ser amigos pero algo me hizo leer la carta y me llevé una sorpresa pero no fue nada grata.

Se escucharon pasos viniendo al despacho y rápidamente tomé la carta y la guarde entre mi pecho y mi corsé, fue el primer lugar que vino a mi mente en el cual podía esconderlo.

Levanté la mirada hacia la puerta y me acomodo en la silla, como si no hubiera pasado nada.

-¿Athanassia? -Casian me miró sorprendido- ¿Qué hace aquí?

-Esperándolo -Le sonreí-, creí que podríamos salir a tomar el té o tomar un paseo.

Casian me sonrió tierno y estiró su mano hacia mí.

-Me encantaría.

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