56- Amigo es para siempre

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De alguna extraña manera, el ver a Konoha sentado entre los gimnasios mientras la esperaba era algo que le causaba nostalgia.

Hacía ya unos meses que toda la rutina entre ellos había cambiado, pero ver cómo el rubio estiraba la mano para llamar su atención era algo extrañamente familiar y reconfortante.

—Hay algunas cosas de las que tenemos que hablar.
Dijo el chico comenzando a caminar con ella a su lado en dirección a la entrada.

Bokuto continuaba tan seria que le parecía extraño. Realmente extrañaba verla saltando alrededor entre risas y ridiculeces que solo podían causarle gracia a los idiotas como ellos.
Ver aquella luz apagada le era sumamente espantoso.

—Bueno...— Suspiró, rascándose la nuca sin saber muy bien por dónde iniciar —Han pasado muchas cosas desde la última vez que hablamos... No hace unas horas, sino... Charlar... Ya sabes
La albina asintió, ent metiendo lo que Akinori intentaba decir entre balbuceos.
Pero su curiosidad por otros temas le removía aún la parte más conciente de la cabeza.

—Se que no debería preguntar, pero ¿Por qué lo golpearon?
Preguntó la chica con la voz apagada, interrumpiendo súbitamente y mirando el camino a sus pies, sin intensión de verle a la cara.
—Dirás que soy una malagradecida, pero no es como si haciendo eso vaya a cambiar lo que ha pasado.

Silencio.
Akinori la escuchó suspirar también, entendiendo perfectamente el sentimiento de impotencia, porque, realmente, tomar como saco de boxeo al chico tampoco había estado nada bien y podrían haberse metido en serios problemas. AÚN MÁS.

—Si te hace sentir mejor— Dijo mirando hacía arriba —Lo siento. Sé que es una tontería insignificante, pero eres mi amiga y no podía dejar que ese tonto no tuviera un castigo por meterse contigo.

Bokuto asintió una vez, aferrándose al asa de su mochila, sintiendo una punzada en la sien.

Se detuvo un segundo, haciendo que el chico esperara también.

Tragó, sintiéndose extraña por lo que iba a hacer, pero aún así metió la mano en el bolsillo al costado de su mochila, hurgando junto a su llavero en forma de pelota, hasta que el metal frío hizo contacto con sus dedos.
—Yo... Eh...
Sacó el pequeño rectángulo, mirando hacia las máquinas expendedoras.

Konoha dudó, pero apenas entendió que era el objeto entre las manos de ella, trotó hacia uno de los conglomerados de bebidas y presionó los botones para que la botella de agua cayera en cuanto pusiera el dinero.
—¿Quieres sentarte?

La albina asintió, las pulsaciones de la migraña aumentando.
Era una suerte que la banca al final del pasillo estuviera libre, ya que realmente necesitaba parar un segundo.

Sentía un poco de vergüenza al tomar una de las pastillas del portable que contenía una gran variedad de medicamentos, pero era uno de esos momentos en los que de verdad lo necesitaba. Seleccionó la cápsula amarilla que debía haber tomado al terminar la práctica, dejándola al final de su garganta antes de dar un trago a la bebida.

Sin embargo, el rubio no dijo nada mientras la miraba dar un corto trago para pasar el pequeño fragmento por su garganta.
Apoyó la cabeza contra el muro, esperando a que hiciera efecto y el dolor menguara al menos un poco.
El chico se sentó a su lado, esperando tranquilamente en silencio a que la albina pudiera hablar nuevamente.

—¿Desde hace cuánto las tomas?
Preguntó suavemente luego de un rato. Conciente de que la chica podría decidir no hablar.
—Son... Para el dolor de cabeza.
—Bo, esa cantidad no puede ser solo de analgésicos. Puedo leer, no soy tonto.
Los labios de la chica formaron una línea, guardando el pastillero en su lugar nuevamente.
—No sabía que estabas yendo a un psiquiatra.
La expresión que la chica hizo, puso en orden muchas de las sospechas de Konoha.
—Supongo que eso está bien. Digo, lo que estás pasando no es nada fa...
—¿Cómo lo sabes?— Preguntó la albina —Ni siquiera se lo he contado a Akaashi...

Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora