Epílogo

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Aún podía escuchar el sonido del balón golpeando contra el parqué y los vítores tras el silvatazo que anunciaba el cierre del partido.
Abrió un ojo de forma perezosa, teniendo los primeros rayos del anaranjado amanecer contra las cortinas y el piar de las aves dándole fondo a su muy tranquilo despertar.

Las pequeñas manos rodeando su cintura y la pierna dominante enredandose entre las suyas le recordaba lo muy afortunada que era en la vida justo en aquella mañana.

Admiró con la sonrisa más genuina las largas pestañas que continuaban dormitando sobre la almohada, con tal parcimonia que los angeles fácilmente podrían confundirse con aquel precioso rostro de mejillas rosadas.

Akaashi se alegró tanto de tenerla a su lado esa mañana y darse cuenta de que aún faltarían algunas horas antes de que tuvieran que levantarse y hacer el desayuno.

La quietud del salón era impresionante. No tenía la más mínima intención de salir de la cama.

Sentir la respiración tranquila de Bokuto y el gemido adormilado cuando despertaba, buscando a tientas su cuerpo, era la sensación más genial de todo el mundo.

—Mmm...— Ronroneó en su cuello, dándole el beso de buenos días en la yugular —Creí que no despertaríamos hasta el medio día.
Besó secamente la parte trasera de su cuello, dejando la nariz presionada contra el lugar.

—Me gusta tener algo de tiempo contigo antes de levantarnos.
Le dijo, girándose para quedar de frente. La pierna de Bokuto subiendo a su cintura y atrayéndola más cerca.

Si Bokuto tenía una fuerza demoledora en preparatoria, ahora que había entrado a la liga nacional, su fuerza se había duplicado.
Los días en que Akaashi podía al menos fingir algo de resistencia habían quedado en el olvido. Sin embargo, realmente le gustaba el que Bokuto hiciera ese tipo de cosas con ella.
—Estoy muy cansada...
Expresó hundiendo la cara contra su clavícula. El último partido le había drenado la energía. Akaashi aún podía sentir algunos de los parches medicinales en su cuerpo.
—Aún falta algo de tiempo para que tengamos que salir— Le acomodó algunos mechones —Te pusiste muy misteriosa anoche después del partido ¿Pasó algo?
La albina negó, sin moverse de su cómodo rincón entre el cuello de la morena.
—Kuroo quiere pedirle a Tsukky que se case con él.
Dijo en un tono infantil.

Keiji parpadeó. La chica rubia era un ente misterioso para ella aún. Demasiado lista para mantener a raya al problemático ex-bloqueador, pero no lo suficiente para no caer con sus bobos intentos de coqueteo.
Aún así. Había estado lo suficientemente cerca de ambos cuando comenzaron a salir, así que no le sorprendía que con el pasar de los años, finalmente decidieran formalizar.

—¿Kei ya sabe eso?
Se animó a preguntar, advirtiendo que Tsukishima parecía más del tipo "vayamos a vivir juntos" que el de "casémonos"

La de mechones se revolvió en la cama, estirándose y regresando a apoyar la mejilla contra el abdomen de la otra.
—Tsukky literalmente le dijo "Vas a casarte conmigo" y comenzó a hacer los planes de boda.
Se rió sin gracia.
—Kuroo alucinó durante horas con los detalles mientras hablabamos por teléfono— Cambió de posición, mirando al techo —Igualmente, quiere comprar el anillo y hacer la propuesta con sus familias presentes.

Akaashi asintió, entendiendo la rebuscada situación, porque al fin y al cabo, ellos eran una pareja extrañamente particular.
Sinceramente, se alegraba por la noticia.

—De alguna forma, esperaba eso de ellos— Acarició las hebras plateadas con cariño —Sería extraño que tuvieran hijos, pero todo puede pasar.

Bokuto asintió, un poco de nostalgia en su adormilada mirada.
—Akaashi...
Le llamó con una aniñada voz, como si fuera a confesar alguna travesura y temiera el castigo.

Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora