7- Costura

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Desde aquel entrenamiento, Bokuto se paseaba por las aulas de primero para comer el almuerzo junto a Akaashi. Casi siempre monopolizando la conversación.

Era fácil estar con la otra, no había temas complicados, no le regañaba todo el tiempo por "no callarse", como Fuko y los demás si hacían. Le gustaba estar con la chica —Aunque la mayor parte del tiempo no entendiera lo que le decía— al punto que apenas pasadas las primeras semanas, la conversación post entrenamiento se torno distinta, con una propuesta que dejó sin palabras a la pelinegra:
—¡Ven a mi casa esta noche!
La invitó con alegría la de ojos dorados.
—Tenemos mucha tarea para el fin de semana, Bokuto-san
—Sólo un rato. Papá llegará temprano hoy y podremos pedir pizza.
—No soy una gran fan de la pizza de todas formas.
La más alta hizo un puchero
—Quiero darte tu regalo de cumpleaños también.
Akaashi paró en seco y sacudió la cabeza.
—Mi cumpleaños fue en Diciembre
—Y no te di un regalo entonces.
Bokuto infló las mejillas en tono infantil, convenciendo con un suspiro de rendición a la otra.
Akaashi se dio por vencida, faltaban más de tres meses para que realmente fuera su cumpleaños, pero luego de haber pasado las últimas semanas con la chica, sabía que eso era sólo una de sus ocurrencias y sería mejor seguirle el juego hasta saber que tramaba.

Era extraño, nunca había leído a nadie con tan poco tiempo de conocerse. Incluso en las prácticas comenzaba a encontrar los patrones de la otra, como si hubieran compartido cancha desde hacía años.

Por muy raro que resultara para ella, ¿Eso era lo que hacían las chicas de su edad, no? Por fin parecía estar llevando bien la escuela, debía darse la oportunidad de conocer a sus amigos, y por el momento, Bokuto estaba siendo quién le daba la oportunidad.
Casi podía escuchar la voz de su madre obligándola a aceptar. Solo tendría que mencionarselo por teléfono y ésta saltaría de alegría porque al fin estaba haciendo cosas fuera de casa.

Un segundo suspiro de resignación.
—Bien. Pero llamaré a mi mamá antes para saber si está de acuerdo
—¡Okay!
Celebró la mayor, uniendo las manos y planeando en su cabeza como plantearía lo que quería regalarle a Akaashi.
Esperó impacientemente mientras la otra marcaba en su teléfono, sus dos enormes orbes mirándola con insistencia mientras una pelinegra nerviosa hablaba al aparato intentando que no escuchara su conversación. Pero a Bokuto nadie le había hablado de la importancia del espacio personal y terminó prácticamente con el oído en el hombro de Akaashi mientras escuchaba una voz distorsionada del otro lado.

—Ha dicho que no vuelva tarde
—¡Genial!
Le abrazó con efusividad, su mejilla prácticamente sobre el pómulo de la morena mientras daba pequeños saltitos.
Akaashi estaba confundida, entre la muestra exagerada de afecto y la descomunal fuerza que la otra tenía para levantarla con tanta facilidad, comenzaba a darse cuenta del elemento que la hacía tan buena jugadora.

Por su parte, Bokuto estaba más que emocionada. Había trabajado duramente para hacerle un obsequio a su amiga, porque claramente, en su mente, la castaña ya era candidata para ser su mejor amiga en todo el mundo.
Muchas veces la había visto batallar contra su enorme falda y quería usar el poco conocimiento de costura que había heredado de su madre en algo solo para ella.
Había trabajado cada noche de la última semana en ello y esperaba que le gustara. Sus dedos ampollados y los pinchazos de las agujas debían valer la pena.
A Akaashi le gustaría, estaba segura.
La albina podía no ser la persona más brillante del mundo, o la estudiante más dedicada, pero tenía el corazón más grande en todo Fukurodani. Incluso, si Akaashi no hubiera aceptado su invitación, lo más probable hubiera sido que le envolviera el obsequio y se lo diera de todas formas.

****

Después de la práctica diaria, ambas caminaron hasta la casa de la mayor, donde, desde el primer vistazo al barrio, Akaashi entendió con qué estaba tratando.

Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora