37- Pequeño traidor

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La tensión creciente en su garganta aumentaba entre más se acercaba la mujer.
¿Así se sentía la presión de conocer a quién había traído a la persona a la que tanto amas al mundo?
¿Y si decía algo estúpido?

En el interior, agradecía que Akaashi no le hubiese dicho nada  sobre lo que pasaría, a pesar de sentirse sumamente extraña, porque lo más seguro hubiera sido que se habría puesto tan nerviosa que no hubiera podido dormir ensayando todo lo que una madre querría escuchar de la persona con quién sale su hija.

Aunque, también estaba el pequeño inconveniente del tradicionalismo de la casa. Era justo como lo que esperaba de Akaashi, algo sobrio y clásico, pero hacía tanto tiempo que se había criado con todas la mezcla de culturas con las que se topaba su madre en sus viajes, que a veces olvidaba las costumbres japonesas.
¿Qué tal si notaba que a veces olvidaba como emplear las palabras de su propio idioma?
¿Qué tal si era una de esas estrictas de la gramática y le corregía la pronunciación cada tres palabras?
Esperaba muchas cosas de ella, sin embargo, la mujer que ahora tomaba asiento en el sofá contiguo, no tenía la apariencia que esperaba para nada.

Imaginaba que la madre de Akaashi fuera un poco más... ¿Mayor?
Quizá estaba juzgando demasiado pronto. Podía que el mayor fuese su padre... ¿O quizá Akaashi sería uno de esos productos raros de generación espontánea, súper inteligente, y por eso a veces sonaba como una anciana al hablar?

Un pequeño destello en su mente le recordó que ni siquiera de había presentado correctamente. Por lo que se levantó de golpe, sorprendiendo —y asustando un poco— a la mujer de cabello corto, con su pronunciada reverencia y el elevado tono de voz que, inclusive, había sonado unas octavas más agudas de lo que esperaba.

—Mi...mi nombre es Bokuto Kôtaro. Estudio el segundo año de preparatoria y juego volleyball desde los seis.

Hubo una pausa de microsegundos luego de aquello, terminando con una suave risa que era más que familiar para la albina, que volvió a tomar asiento lentamente, sorprendida de la reacción y mirando a la mujer riendo discretamente.

El dulce sonido que salía por su boca, cubierta discretamente con la palma, era el mismo que —muy de vez en cuando— dejaba salir Akaashi.

No había duda, era su madre. Y no podía haberle dado una mejor herencia genética que ese dulce sonido que manaba de su garganta.

—Eres muy educada Boku-chan— Le regresó la reverencia —Soy Akaashi Hatsu. Es un gusto volver a verte en... Mejores condiciones.

Una sonrisa más apagada surcó su rostro al recordar el amargo sentimiento de ver llorar a su hija en el asiento trasero cuando había llevado a la inconsciente chica —que ahora tenía delante de ella— a casa.

Esfumó el recuerdo rápidamente. Quizá no era el tema más apropiado para iniciar una conversación.

—He escuchado mucho sobre ti Boku-chan— Le sonrió de manera cálida está vez—Estás en el mismo equipo de Akaashi ¿No?
La albina asintió, justo en el momento en que Akaashi se acercaba con una bandeja de galletas y té.

—Practicamos mucho juntas, porque nuestras posiciones se conectan.
Explicó, sintiéndose aún un poco tensa. Esperando no decir algo innecesario o imprudente.
—En realidad, no entiendo mucho del volleyball. El padre de Keiji es quién le enseñó a jugar—La mujer se encojió de hombros con una sonrisa apenada. —Yo solo soy la animadora, o algo así durante sus partidos.

Era curiosa la honestidad de Hatsu, ya que Bukuto sabía que su madre hubiera preferido morderse la lengua antes que admitir que no tenía idea de cómo de jugaba al volley.

Akaashi dispuso tres tazas de té y la tetera.
—Me alegra que hayas podido venir, Bokuto-san.— Comenzó a servir en una pequeña taza el ambarino líquido.
—Creí que Takafumi-sama querría que siguieras ayudándole.

Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora