Apenas llevaba dos días de haber ingresado a la preparatoria y no le estaba yendo del todo mal.
Akaashi nunca había sido un centro de atención intencional. Le gustaba mantener un perfil bajo, pero extrañamente, nunca lo conseguía.
Era una chica... Común -en su opinión- pero por una razón u otra, siempre terminaba o como consejera de grupo o liderando algo. Era bastante curioso.
Sin embargo, su nueva escuela le había parecido... abrumadora. Tenía profesores que daban miedo y a pesar de siempre haber obtenido buenas notas, se sentía la más tonta de la clase.
Estaba en un curso avanzado y venía de una academia reconocida, pero el cambio tan radical que había dado su vida unos años atrás la mantenía siempre a la defensiva.
No había hecho amigos aún y eso la ponía triste.
Además, aún no se había topado con ningún miembro de alguno de los clubes que le interesaban. Algo sumamente raro, ya que varios otros clubes ya se habían acercado a darle informes y pedirle unirse a sus equipos o grupos de estudio, sin embargo, seguía esperando encontrar alguna petición de sus aspiraciones.
Se había dicho a sí misma que intentaría en el club de vólley si lograba ingresar a Fukurodani desde un inicio, a pesar del buen nivel que sabía que el equipo escolar había dado en los últimos años.
Quizá aun no comenzaban el reclutamiento, ya que aún había algunas semanas para que todo el mundo se decidiera a tomar alguna de las actividades extracurriculares. Justo en ese momento, la pelinegra estaba en medio de su aula, guardando sus pertenencias dentro de su desgastado bolso marrón para dirigirse a entregar su solicitud.
Si el equipo no venia a ella, no habría ninguna razón por la cual ella no pudiera ir en persona a pedir informes. Quizá era un club tan popular en la academia, que no necesitaban de propaganda par que les llovieran los reclutas.
Por ende, estaba nerviosa, sumándole el hecho de que el nuevo uniforme que su madre había insistido en dejarle bastante más grande de lo que era normalmente usado para que no tuvieran que adquirir otro el próximo ciclo, le iba bastante largo y había causado uno que otro cotilleo entre las compañeras de su clase, ya que lucía exagerado el portar la tela bajo las rodillas estando en preparatoria para las demás.
Se sentía aliviada de poder usar sus shorts para su entrevista al club de vólley, ya que no tendría que lidiar con las apariencias en ese sentido.
Había jugado desde la primaria en un equipo local, pero ahora tenía la oportunidad de inscribirse a un club tan reconocido como el Fukurodani. Esperaba que las demás no creyeran que era demasiado sosa al verla con su larga falda y el viejo bolso en el que guardaba sus cosas. Eso si, su uniforme era impecable, sin una sola arruga o mancha.
Tenía un cabello largo y rebelde que intentaba controlar atando, aunque de vez en cuando, algunos cabellos escaparan de la pulcra coleta de su oscura cabellera.
Caminó con tranquilidad por la escuela, solicitud en mano. Intentando encontrar el recinto donde practicaba el club de vólley.
El tamaño de la escuela estaba confundiéndola un poco, así que se acercó a uno de los mapas de los edificios que había enmarcado en uno de los salones de la planta baja.
Comenzaba a entender el mapa cuando alcanzó a ver por el rabillo del ojo a alguien acercarse, giró un poco el cuerpo y divisó a dos de sus compañeras de clase, a quienes recordaba haber visto por las últimas filas de su aula. Hizo una pequeña reverencia por cortesía antes de girarse nuevamente a mirar el mapa cuando el sonido de una risa apagada llegó a sus oídos.
-¿Es la chica extraña de la clase? ¿La que habla de esa forma tan extraña?
El dedo que con el que Akaashi había estado ubicando su posición, se aplastó con un poco más de fuerza.
-Calla, bocazas, que es la nueva consejera y si te escucha, te cargará el trabajo del resto del año.
-Pero si es una nerd
-Sigue siendo el mejor promedio de la clase- Intento mantener la voz baja inútilmente -Yo que tú, mejor lo llevaba bien con ella.
Vio por encima del hombro como una de ellas respondió a su saludo y la otra sólo la miró con los ojos entrecerrados, escaneándola de pies a cabeza.
Sus labios se apretaron en una línea. No había tenido problemas con hacer amigos antes, pero de un tiempo hacia acá, le costaba mucho mantener una conversación al nivel de los chicos de su edad.
Había leído tantos libros viejos cuando estuvo en secundaria que su vocabulario a veces era el de una anciana, hasta su madre le había picado con ello, por lo que se había visto las noticias desde hacia dos semanas y procuraba leer tantos artículos de cultura general como podía para tener varios temas frescos, por si la ocasión se daba para hablar con alguien. Aunque siempre terminaba por parecer una chica demasiado seria para sus compañeros.
Quería recuperar la normalidad de su vida lo más pronto posible, y el entrar a un club desde el inicio, le daba ventaja para ello.
Por fin logró concentrarse lo suficiente y encontrar el camino hacia el gimnasio -que en realidad no estaba muy lejos de donde estaba- así que se encaminó hacia el.
Mientras más cerca estaba, más personas podía ver. Chicos de otros clubes llevando material, balones, bebidas, etc.
Preguntó por el lugar a donde debía ir, consiguiendo que también le dieran las indicaciones de donde cambiarse.
Creía estar teniendo mejor suerte una vez que había conseguido entrar al gimnasio, ya con la ropa deportiva puesta.
Entró con determinación a las enormes puertas del recinto y se percató de que ya había algunas personas dentro.
Arrugó su camisa entre sus delgados dedos por cuarta vez, mientras escuchaba otro grupo de chicas afuera del gimnasio. Tenía paranoia después de lo ocurrido momentos atrás, pero hasta ahora sólo eran falsas alarmas, ya que nadie que se pasaba por ahí, la estaba mirando a ella en concreto.
Le indicaron que esperara para la práctica, pero eso la ponía otra vez nerviosa.
Incluso se preguntó si no se habría equivocado de gimnasio, si estaba en otro club, o si habría confundido los días y las inscripciones no eran esa semana, pero al ver un par de zapatillas blancas posicionandose frente a ella, se dio cuenta de que sus sospechas eran falsas.
-Hola ¿Estás aquí para dejar tu solicitud?- Le preguntó amablemente una chica de melena castaña -Soy Fuko, subcapitana del equipo.
-Akaashi
Le extendió la mano para presentarse y la chica dudó un segundo, mirando de su mano a ella como si fuera una especie de broma. La morena se mordió la parte interna de la mejilla al percatarse, pero antes de que pudiera bajar su propia mano, la chica estrechó la suya.
-Encantada, Akaashi
Sacudió finalmente su mano con una sonrisa al entender que la chica solo estaba siendo cortés.
El nudo en el estomago que Keiji había sentido se disipó fácilmente después de eso.
-Aún faltan unos minutos para que lleguen más aspirantes, pero deberías estirar con las demás antes de iniciar con las pruebas.
Akaashi asintió a la castaña dudando en ponerse de pie e ir a donde otro pequeño grupo se conglomeraba cerca de la cancha principal.
Tragó, incorporándose y con las uñas clavándose en sus palmas, se encaminó hacia las chicas que contaban hasta el diez antes de cambiar de posición.
-5...6...Bokuto, deja de hacer eso... 1..2...- La chica pelirroja la miró, señalándole un espacio libre -3...4...
La chica se sentó con las rodillas en forma de mariposa como hacían las demás y siguió los ejercicios de estiramiento mientras escuchaba como llamaban la atención constantemente a una chica de cabellos blancos que la miraba insistentemente.
Akaashi se sintió nerviosa por la atención, pero intentó sonreírle.
Todo en esa chica llamaba la atención, tenía el cabello bastante largo, la coleta alta que tenía, bajaba casi hasta la mitad de su espalda. Ni las extensiones más largas que ella pudiera ponerse le harían aquel volumen.
Era bonita, bastante, pensaba Akaashi.
Sus ojos dorados la miraban taladrando su cabeza.
Se sintió incomoda, llegando a sonrojarse incluso antes de cruzar nuevamente con aquella mirada penetrante.
La otra solo evadió su mirada cuando se dio cuenta de lo que había estado haciendo, optando por seguir los ejercicios que desde hace dos estiramientos había estado haciendo mal.
Aunque continuaba mirándola de reojo cuando creía que la de pelo negro no se daba cuenta.
Entonces Akaashi se preocupó de nuevo. Quizá había hecho algo mal, o sus zapatillas se veían muy desgastadas, o quién sabe que otro error podía haber cometido ¿Estaba esa chica en su clase y no se había dado cuenta? No, ella recordaba las cara perfectamente, la habría reconocido. Además, alguien con el cabello blanco sería muy fácil para identificar, Tenía que ser otra cosa.
Esperaba que no fuera que, en su primer día, ya le cayera mal a alguien en el equipo.
Ni siquiera había pasado la prueba aún.
Esperaba que fuera solo su imaginación como otras veces, pero la sensación de ojos en su nuca le estaba poniendo de los nervios.
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Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADA
Fanfiction¿Y si fueran chicas? Bokuto era feliz con su vida, al menos hasta que Konoha le insinúa que no tiene amigas fuera del club de volley. Akaashi tiene un propósito claro después de haber ingresado a Fukurodani: Recuperar su vida. He aquí la historia de...
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