El paraíso de la miel era ahora el lugar preferido de Bokuto.
Desde que la tenue luz del medio día había traspasado los enormes ventanales, colándose por las rendijas de las grandes cortinas tintas, en donde había visto el rostro adormilado de Akaashi al despertarse, la muy estrecha relación entre ellas había dado un giro, con ello, la propia actitud de la albina.
Si ya parecía alegre y despistada, ahora se perdía más fácilmente en sus propios pensamientos.
Iba por la vida dando saltitos como si en realidad nada pudiera perturbarle.
Sus padres habían estado tan contentos con el buen cambio que estaba llevando, que incluso, a pesar de las sospechas de Takafumi sobre la "demasiado cercana amistad" con Akaashi, pasaba por alto algunos detalles.
Obviamente había notado el cambio abrupto desde que su hija había comenzado a pasar horas en su habitación junto a su "amiga" en donde, muy sutilmente, podía escuchar el perfecto sonido de las respiraciones agitadas.
Prefería vivir una ignorancia feliz, si eso ayudaba de alguna manera a su hija.
Vivir en América le había enseñado una o dos cosas sobre adolescentes, y era que, si llegaba a oponerse, probablemente seguirían haciendo lo mismo en secreto —Como hasta el momento— y de una u otra forma, prefería tenerla tonteando en casa, que en hoteles clandestinos en los que podría pasarle algo realmente grave.
Además, Keiji era una chica en la que confiaba. No podía pedir algo mejor para la hiperactividad de Bokuto que la calma de la chica. Eso, y que era la única amiga que le había conocido por más de una semana en mucho tiempo.
Kentaro por otra parte... No comprendía mucho de las relaciones entre chicas, en general. Por lo que, a menos que alguien se lo dijera directamente, él no tendría ni una sola sospecha. Porque claro, su pequeña princesa solo corría peligro con chicos como Kuroo. En su ilusión de padre, así era.
Así que, teniendo —Sin saberlo— a sus padres de su lado, pocas cosas le causaban conflicto... Excepto por un tema que no lograba zanjarse del todo...
—Escuche que tu mami por fin está en Tokio.
La voz tras su escritorio no paraba de molestarla aún cuando la había ignorado completamente desde que había comenzado el receso.
Akaashi no podría comer con ella en unos días, puesto que debía ponerse al corriente con sus proyectos de clase, ya que el asistir a la pasarela con ella había tomado mucho más tiempo del que esperaba, así que, desde que la había divisado dentro de las aulas de segundo, sin ningún miembro del equipo de volley cerca, había comenzado a fastidiarla.
—Aunque lo hizo por sus diseños... Y no por ti...
Se suponía que el no debía estar ahí. Tenía una orden de restricción en proceso, además de una demanda, pero el chico no parecía comprender que ellos ni siquiera debían hablar, que era sumamente grave cualquier cosa que le hiciera en ese punto.
El director simplemente le había dado una advertencia, en la cuál no debía estar cerca de su edificio o del gimnasio, pero el chico pelirrojo parecía no entender la gravedad de lo que había hecho.
—¿Qué pasa? ¿Solo eres valiente cuando estás con un abogado a tu lado?
La silla en la que estaba la albina chirrío con fuerza hacia atrás, negándose a que su buen humor se perdiera por algo sin importancia. Se levantó de golpe, no estando dispuesta a meterse en otro lío.
Sabía que no debía estar teniendo esa conversación —por muy unilateral que fuese— así que buscó alejarse, saliendo del aula y bajando rápidamente las escaleras.
—¿Te molesta escucharlo?
Le dijo el chico de tercer año que aún la seguía unos pasos por detrás.
Bokuto no encontraba formas para lidiar con el muchacho. La escuela le había prohibido acercarse a ella, pero seguía haciéndolo. Tenía una orden de alejamiento esperando aprobación de un juez, pero ni siquiera de esa forma lograba sacarse al chico de encima.
—Tu amiga tiene mucho más carácter que tú, solo te la pasas huyendo.
No podía seguirle el juego, necesitaba un profesor para que lo alejara de ella, un testigo confiable, alguien que pudiera testificar en caso de que le hiciera —o intentara— cualquier cosa.
Washio, Konoha y Komi solían almorzar junto a las escaleras del primer piso, si lograba llegar a ellos y explicar lo que pasaba, iban a ayudarle.
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Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADA
Fanfic¿Y si fueran chicas? Bokuto era feliz con su vida, al menos hasta que Konoha le insinúa que no tiene amigas fuera del club de volley. Akaashi tiene un propósito claro después de haber ingresado a Fukurodani: Recuperar su vida. He aquí la historia de...
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