Con el transcurrir de las semanas, los preparativos del campamento continuaban para los clubes deportivos. Obtener precios, residencias, comida y todo lo que se requería durante los días de estancia era agotador para los mánager y capitanes, así que, en apoyo, el resto de los miembros del club de volley de cada instituto brindaba la ayuda necesaria, lo que hiciera falta.
Bokuto y Akaashi no eran la excepción. Además de repartir las tareas escolares con el trabajo de los preparativos de la concentración, debían organizar parte de la pasarela de la madre de la mayor.
Decir que pasaban el día entero juntas era poco, prácticamente se habían vuelto uña y carne.
Con la estancia de Takafumi en Tokio, cargando con un desfile de suma importancia nacional, las pocas "horas libres" que tenían se resumían a ambas yendo detrás de la diseñadora por toda la ciudad, eligiendo, comprando o arreglando contratos para los servicios que requería.
Akaashi probablemente había conocido el interior de los edificios más exclusivos que vería en toda su vida, tan solo en ese par de semanas.
Los grandes escaparates, la ropa costosa, todo era tan nuevo y alucinante.
Ella parecía neutral ante la mayor parte de las cosas, era Bokuto quien no paraba de saltar, tocar y preguntar absolutamente por todo, aunque "en teoría", había crecido toda su vida mirando aquellas pieles extravagantes y perlas por doquier.
Parecía tener buen ojo con el tema, ya que una gran cantidad de personas la reconocía y entablaba conversaciones con ella acerca de los diseños de su madre o de su inusual carrera en el modelaje.
Había visto una parte inusual de la chica, una en la que a pesar de ser alguien remotamente importante, no perdía la esencia característica de su personalidad.
Había notado un par de veces cierta tensión e incomodidad con algunas personas, quizá sobre todo con hombres, pero tras lo que había pasado, creía que era lo más común del mundo. Por lo que se limitaba a intervenir solo en esas ocasiones en las que parecía quedarse sin habla.
Sin embargo, a pesar de pasar juntas la mayor parte del tiempo, e incluso, cuando Akaashi había comenzado a pasar la noche algunas veces en casa de la otra por la sobrecarga de trabajos, apenas habían tenido tiempo para hablar de su aún incierta relación.
Justo esa mañana, y tras una noche agotadora de trabajo, Akaashi desayunaba perezosamente sobre la mesa de la cocina con su madre.
Los sábados por la mañana eran pesados por lo general, pero con la práctica matutina cancelada por los festivales escolares de primavera y los planes cada vez más formales de la madre de Bokuto, por fin tenía un poco de tiempo de procrastinación, y había elegido emplearlo en el desayuno más desanimado de toda su vida.
La cara sobre la mesa y el tazón rebosante de cereales perdiendo la consistencia crujiente dentro de la leche, comenzaba a causarle gracia a su madre, quién raras veces tenía la oportunidad de ver a Akaashi actuar como una chica de 16.
Ahí, con la cuchara en la mano y el cartón de leche vacío volcado sobre la mesa.
Nadie pensaría que aquella bonita muchacha con los pantaloncillos rosas del pijama y la blusa de tiras azul marino era su Keiji.
Llegó a sentir lástima por su cansancio. Pobre... Con los parciales tan cerca y tantas cosas que ahora hacía...
—¿La escuela está siendo dura?
Se animó a preguntar, dando un sorbo a la taza humeante de café recién hecho.
La pelinegra ni siquiera intentó hacer el amago de levantar la cara, solo asintió arrastrando la mejilla por la superficie de la mesa.
El reloj marcaba casi las 9:00am, podría volver a la cama y despertarse a las 12:00 del día como cualquier estudiante en un día libre, pero ahí estaba, tendida sobre la mesa con la cuchara en la mano.
Ni siquiera tenía apetito, en todo lo que podía pensar era en como las mañanas despertando en el futón de la habitación de la albina eran mil veces mejores que abrir los ojos y mirar el aburrido techo de su recámara.
Incluso ver a Bokuto a primera hora del día, con restos de saliva en la cara y usando sus pantuflas al revés, era algo que quería ver todos los días.
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Hug me [BokuAka] Genderbender TERMINADA
Hayran Kurgu¿Y si fueran chicas? Bokuto era feliz con su vida, al menos hasta que Konoha le insinúa que no tiene amigas fuera del club de volley. Akaashi tiene un propósito claro después de haber ingresado a Fukurodani: Recuperar su vida. He aquí la historia de...
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