CAPÍTULO XXXI

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31. Realidades.

BRIDGET

—Primera parada, la estatua de la Libertad —anunció Brooke.

Alcé la cabeza para poder observar toda la estatua en su plenitud. Habíamos cogido un ferri para venir, y Brooke se había encargado de conseguir entradas para poder subir.

Para los cuatro, desgraciadamente.

Al principio intenté ignorar la presencia de Peyton, de verdad. Me repetí una y mil veces que Aaron estaba ahí por mí y no por ella, pues él ni siquiera sabía que su amiga vendría también. No era idiota y conocía las intenciones de Peyton, solo nos acompañaba para asegurarse de que su amigo no se acercara en exceso a mí. Después de ver lo insistente que puso en el barco por pasar algo de tiempo con Aaron, acabé desistiendo. No iba a complicarle las cosas, no ganaría en ningún escenario. Por ello, me limité a alejarme de la barandilla, y por ende de Aaron, para dejarle mi sitio libre a la modelo enamorada.

Yo estaba ahí para ver la ciudad, no para perdérmela mientras competía con ella. Hecho que rompió por completo, y de una manera muy cruel, la bonita burbuja de felicidad en la que me encontraba esa mañana.

—Venga vamos —nos apremió Brooke, que en esos instantes poseía el entusiasmo que nos faltaba al resto—. ¿Estás emocionada, Bri?

—Mucho, no puedes hacerte una idea. Muchas gracias por preparar esto, de verdad —le agradecí con total sinceridad. No tenía por qué haberse molestado, y aún así lo había hecho.

—No es nada mujer, estaba muy aburrida en casa —respondió quitándole importancia.

Aunque para mí su gesto tenía mucha.

Mostramos las entradas y nos adentramos al interior. Brooke se detuvo abruptamente, y se giró con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.

—Con las entradas se puede subir hasta la corona, pero no tenemos por qué hacerlo.

—¿Qué? ¿Por qué no? —se me adelantó Peyton.

—Bueno, porque hay que subir 377 escalones. Sin ascensor —confesó.

Pude ver el mismísimo instante en el que el rostro de Peyton se descompuso. Luché por no reírme, no sería lo más acertado. Además, dudaba que su bonito y ajustado top le ayudase a subir semejante cantidad de pisos.

—Yo voy, os espero arriba si alguien se anima —anuncié y me encaminé hacia las escaleras.

—¡Espera! Yo también voy —exclamó Brooke, que enseguida me alcanzó—. ¿No te da cosa? Es un espacio pequeño, muchos pisos y calor.

—Créeme, en Europa hay cientos de catedrales con cientos de escalones para subir. No sería la primera vez.

—Cierto —concordó con una sonrisa.

Comenzamos a subir, y como todo, al principio íbamos bien. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, la temperatura comenzaba a aumentar, al igual que los pinchazos en las piernas. Yo estaba en buena forma, pero subir lo que equivalía a 27 pisos en escalones... Creo que cualquier persona de carne y hueso necesitaría hacer una paradilla.

Me pegué a la barandilla para dejar que las personas que bajaban pudieran hacerlo con la tranquilidad de que no se iban a abrir la cabeza. Brooke me alcanzó mientras murmuraba algo por lo bajo.

—187, 188, 189...

—¿Los estás contando? —me interesé, divertida. Eso era algo que haría Mateo. Mi niño, les echaba de menos.

AARON ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora