CAPÍTULO XLVIII

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Dedicado a Manuela996092

48. Personas con el corazón muy grande.

BRIDGET

El vuelo pasó con gran rapidez. Estuve jugando al solitario con una baraja de cartas que alguien se debía haber olvidado en algún viaje, mientras Aaron se ocupaba de que no tuviera ningún problema por faltar a clase. Yo también quería tener ese tipo de contactos, que movieran unos hilos determinados y pum, magia.

De vez en cuando me echaba alguna que otra ojeada curiosa para ver qué hacía, y cuando iba por mi sexta partida me robó algunas cartas alegando que había terminado las otras partidas demasiado rápido. Yo me limité a arrebatárselas y ponerlas de nuevo en su sitio en silencio, porque no sabía con quién podía estar hablando y había prometido portarme bien. Dijo que me encerraría en un establo y no sabía si bromeaba o se refería a un establo de verdad. Eso sí, no se libró de la miradita de la muerte, como la llamaba Susana.

Susana a quien, por cierto, echaba de menos. Me habían quitado el móvil por mi propio bien, porque no podía dejar de leer lo que comentaban miles de desconocidos en las redes, y ahora estaba incomunicada. Cuando bajamos del avión privado, Aaron me tendió su celular para que pudiera llamarla y hablar con ella. Cuando logré calmarla, agregué a mí padre a la llamada.

—Mira que le dije que te cuidara —gruñó papá, desde luego estaba molesto.

—Por favor, Callum —trató de calmarlo Susi—. Claro que la cuida, ¿acaso no viste las fotos? Estaba muy bien atendida.

—¡Susana! —exclamé.

No me avergonzaba que papá hubiese visto las fotos, él también había sido joven y también había salido con chicas. Por supuesto que sabía lo que hacíamos Aaron y yo, negarlo era ridículo, pero Susi no tenía por qué recordarle lo extremadamente bien que me cuidaba.

—Papá, estoy bien. De verdad —insistí—. Son solo un par de fotos en las que no hacemos nada raro. Además, era algo que tarde o temprano acabaría pasando.

—Lo sé, princesa, pero hay un montón de gente diciendo cosas feas sobre ti.

Casi tuve que reprimir una carcajada por la forma en la que dijo "cosas feas". Como si él y yo no usásemos más tacos que un camionero.

—Ya, algunas cosas he leído hasta que me quitaron el móvil.

—¿Lo ves? Los Wallace se están portando bien con ella —insistió mi amiga.

—Aaron me ha traído a ver a sus abuelos para alejarnos de la ciudad —añadí—. Estaremos en Tennessee unos días.

Alcé la cabeza para mirar el cielo, aún había luz aunque apostaba que oscurecería dentro de poco. El ambiente era mucho más cálido que en Nueva York, y agradecí haberme puesto una camiseta de manga corta debajo del jersey porque sino me lo hubiera podido quitar, ahora mismo me estaría cocinando lentamente.

—Sí, y ha dado un montón de órdenes para que quiten las fotos y los comentarios —aseguró Susana.

Reprimí una sonrisa al escucharla hablar de esa manera tan convencida, como si hubiera estado a mi lado durante todo lo ocurrido y lo hubiera visto con sus propios ojos. Cualquiera diría que era la misma persona que hacía diez minutos estaba histérica porque no le cogía el teléfono.

AARON ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora