CAPÍTULO LII

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52. La interrupción perfecta.

BRIDGET

—Para —demandé, aunque la risa en mi voz no me hacía sonar nada seria—. Llegaremos tarde.

Sentí la sonrisa de Aaron contra la piel de mi cuello, y deseé quedarme aquí para siempre. En realidad no quería que se detuviera, pero en algún momento de mi vida pensé que trabajar sería una buena idea, y ahora debía apechugar con las consecuencias. ¿En qué diablos estaba pensando?

—Soy el jefe, puedo llegar todo lo tarde que quiera —murmuró, subiendo a mis labios de nuevo.

—Tú lo has dicho, puedes hacerlo, yo no.

Me dio un último beso antes de separarse por completo y me arregló el pelo donde lo había despeinado.

—Como si alguien fuera a atreverse a decirte algo, pero de acuerdo.

Agarré mis pantalones del suelo y traté de ponérmelos de nuevo, fallando estrepitosamente. Y con ello quiero decir que pisé una parte sin darme cuenta y casi caí.

—Deja que te ayude, anda.

Me arrebató la prenda y tuve que sujetarme en sus hombros para encontrar algo de estabilidad.

—No me puedo creer que me estés vistiendo —bufé para ocultar una sonrisa mientras él terminaba de subir los pantalones por mis piernas.

—Si no fueras tan torpe no tendría que hacerlo —murmuró muy divertido con la escena, porque estaba tocando más de lo necesario.

No es que yo fuera quien para juzgar, claro. Mi fuerza de voluntad al parecer no era tan fuerte como creía.

—Si no tuvieras tantos deportivos no me costaría ponerme de pie —contraataqué.

—Este lo elegiste tú —me recordó.

Cierto, yo elegí conducir este durante la semana. Culpa mía.

—Y está claro que no estaba pensando en las actividades que se podrían llevar a cabo aquí dentro.

Subió la cremallera y abrochó el botón justo antes de darme una palmadita en el trasero.

—Listo.

—Gracias.

Comprobé una vez más que mi cabello se encontraba bien, y salí del coche agradeciéndole a Aaron por sostener la puerta abierta para mí. Colgué el bolso de mi hombro y nos dirigimos al ascensor para subir hasta la oficina. En un principio nos encontramos estacionados, hablando sin parar de cómo íbamos a organizar los próximos días, y bueno, un beso llevó a otro y ese a otro.

Cosas que pasan.

—Estaré ocupado durante la mañana, la junta quiere otra reunión —comentó comprobándolo en su móvil—. Si no me largo antes, creo que terminaremos para la hora de comer.

—Bien, yo estaré con Zack y Jasmine, ya sabes.

Como fiel fan del cotilleo que era, obviamente se lo tenía que contar todo a Aaron. Bueno a ver, le contaba lo que podía, si alguien me decía algo en confianza se iba conmigo a la tumba. Pero este no era el caso.

AARON ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora