53. Sí, quiero.
BRIDGET
Miré la hora en el reloj de mi muñeca una vez más. Brooke no es que llegase tarde, o al menos, no excesivamente tarde. Habían pasado dos minutos y medio más de lo que acordamos, pero puede que después de todo lo que me había pasado en las últimas semanas, me costase creer que por una vez algo me fuera a salir bien. Mi cabeza se negaba a creerlo.
Miré hacia atrás en la pista de aterrizaje para vuelos privados. Dylan llegó con quince minutos de antelación y había invertido todo ese tiempo en hablar por los codos. Le encantaba hacerlo, y a mí me divertía charlar con él hasta que comencé a fijarme en la hora. Me aparté de él y Aaron para escribirle un mensaje a Brooke, y ahí me había quedado esperando.
Al poco tiempo, un coche entró en la pista y solté el aire que estaba reteniendo.
Vale, ya está. Por fin podemos irnos.
Permanecí a la espera de que Brooke se despidiera de Timothée que le estaba sacando la maleta del coche. Me vio y agité la mano en el aire con una sonrisa. Brooke giró la cabeza alertada por Tim, y cuando me vio frunció los labios. Caminó hasta mí y podía asegurar que pisaba el suelo con más fuerza de la normal.
No parecía contenta.
—Estoy muy enfadada contigo —soltó en cuanto llegó a mi lado. Uno de los trabajadores estaba guardando su maleta en el avión.
Al principio me pilló desprevenida, pero tras unos breves segundos mi cerebro logró conectar la información.
—Me lo imagino —admití.
Cuando le llamé para pedirle el favor de que nos acompañara, pasó casi diez minutos quejándose de cómo su hermano y yo habíamos sido capaces de ocultarle eso. Decía que había perdido la oportunidad de prepararme la mejor despedida de soltera del mundo, y que nunca jamás me lo iba a perdonar.
—O sea, os vais a casar, ¿y me lo decís un día antes de hacerlo? —bufó—. Os lo voy a recordar toda la vida...
—No te quejes tanto, quitándome a mí, eres la única que va a estar presente —intervino Dylan, encaminándose hacia las escaleras.
—¿En serio? —replicó sorprendida, devolviendo sus cálidos ojos a los míos—. Entonces olvida lo que he dicho, ¡te quiero mucho!
—No le calientes la cabeza tan pronto, Brooke. Aún debe aguantarte durante todo el viaje.
Aaron siguió el camino que había emprendido su amigo, pero se detuvo al pie de las escaleras cuando su hermana le respondió.
—¡Y a ti toda la vida! No sé qué es peor.
—Aguantaros a los dos juntos —contestó Dylan y se perdió en el interior del avión.
Los Wallace me miraron al mismo tiempo a la espera de que lo desmientiera y alcé las manos en el aire. Me daba mal rollito cuando se sincronizaban de esa forma, te taladraban con sus increíbles ojos verdes a la vez.
—Lo ha dicho él, no yo —me excusé y me apresuré a subir por si acaso decidían volverse los dos contra mí.
Las primeras tres horas las dediqué a hablar de trabajo con Aaron y Dylan hasta que Brooke protestó. Había estado haciendo varios bocetos de ropa en su tablet, pero debía haber terminado y se aburría como una ostra. Atravesé el avión hasta el sofá en el que estaba sentada para hacerle compañía. Teniendo en cuenta que ella había hecho el esfuerzo de cruzar el país con nosotros, quería tratar de compensárselo. Además de que no me gustaría que se sintiera desplazada.
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AARON ©
RomantizmBridget es alegría, entusiasmo y corazón. Aaron, egocentrismo y chulería. Tan sólo basta una mirada a través de la barra para que dos mundos completamente distintos se unan. ¿Pero cómo reacciona un hombre acostumbrado a tenerlo todo al rechazo? ¿...
