44. Los preparativos secretos.
BRIDGET
Había encontrado una mina de oro, o en otras palabras: el cajón en el que Aaron guardaba sus jerséis y sudaderas. Por supuesto, me vi en la obligación de tomar prestada alguna que otra porque comenzaba a hacer frío y olían justo como él. Mi favorita era la sudadera granate de la Universidad de Harvard, con las letras impresas en color blanco sobre el pecho y pelito por dentro.
Debería pedirle a Aaron que me enseñase fotos de aquella época, no solo por ver si había cambiado demasiado, sino por conocer un poco mejor cómo era la vida de un estudiante en Estados Unidos y aún mejor, en Harvard.
Maldito empollón.
Dejé de prestarle atención a la clase online cuando Aaron salió del baño. Había decidido teletrabajar ese día para hacerme compañía, pero se lo estaba tomando completamente de relax.
—Atiende a tu clase —comentó con una sonrisa burlona al ver que me lo comía con la mirada.
Sinceramente, ¿cómo no hacerlo? Tan sólo traía una toalla atada a la cintura y llevaba el cabello húmedo. Era como ver una hamburguesa de esas a las que se le cae la salsa por los laterales estando perdido y hambriento en una isla desierta.
—No te pasees medio desnudo por la habitación, entonces —respondí, fingiendo que miraba de nuevo el ordenador.
En realidad, estaba muy pendiente de sus movimientos por el rabillo del ojo. Moví el bolígrafo entre mis dedos, provocando que girase con bastante rapidez. Era lo único realmente impresionante que había aprendido en mis años de universidad.
—¿Tienes la cámara? —inquirió terminando de vestirse.
Busqué su mirada algo confundida. Por supuesto que no, en las clases online siempre se debía tener la cámara y el micro apagado —a menos que fuera estrictamente necesario— para evitar problemas como que el profesor te escuchase decir que su clase era una mierda, por ejemplo.
—Eh, no. No.
Se acercó a donde estaba, tomó mi barbilla con la mano y me plantó un apasionado beso que apenas tuve tiempo de disfrutar como era debido.
—Estoy en el salón —informó y al ver la cara que se me había quedado añadió—. Concéntrate.
Una mierda iba a concentrarme después de eso.
Resoplé cuando se marchó, dejándome sola y aburrida mirando una pantalla. Deslicé los ojos por ella, tratando de buscar algo más interesante que la clase que estaban dando, cuando recaí en algo tan absurdo y a la vez importante como la fecha.
Quedaban tres días para el cumpleaños de Aaron.
Comprobé que aún seguían tratando la misma duda que yo no tenía y agarré el móvil. Quería organizarle algo por su cumple y sabía que mi queridísima amiga Brooke me ayudaría. Los cumpleaños no eran fechas para estar solo o no divertirse. Tecleé con rapidez y lo dejé a un lado porque seguían con la clase. Dos horas después me alejé del portátil y releí por tercera vez el mensaje que me acababa de llegar.
Brooke: Cuenta conmigo. A las 16 en casa de mis padres.
Le respondí que allí nos veríamos y comencé a hacer una de las tareas que habían mandado para adelantarlo un poco, ya que suponía que esa tarde la tendría entera ocupada.
A la hora de comer, el estómago se me contrajo al oler algo cocinándose. Guardé el borrador que estaba escribiendo y tras recoger un poco mis cosas salí al salón. Ron enseguida vino corriendo hacia mí mientras maullaba, pidiendo comida como si llevase años sin alimentarse. Era así de exagerado. Lo acaricié un poco y seguí andando, haciendo malabares para no pisarle o darle un golpe porque era peor que una lapa.
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AARON ©
RomanceBridget es alegría, entusiasmo y corazón. Aaron, egocentrismo y chulería. Tan sólo basta una mirada a través de la barra para que dos mundos completamente distintos se unan. ¿Pero cómo reacciona un hombre acostumbrado a tenerlo todo al rechazo? ¿...
