Tomo una gran bocanada de aire mientras me incorporo con brusquedad. La oscuridad de la noche todavía se cuela por las ventanas.
Hacía bastante que no tenía una pesadilla, así que me levanto y, como siempre, me siento en el asiento de alféizar para dejar que el paisaje sombrío me tranquilice.
La puerta se abre a los pocos minutos y me giro para recibir a mi visita.
Rose sonríe antes de agarrar mi mano y sentarse frente a mí, igual que la última vez.
-Papá y mamá no están muy contentos contigo- dice la pequeña tras unos segundos.
-¿Mamá también?- pregunto casi con un hilo de voz. No la imagino decepcionada conmigo.
Rose asiente.
-Cuando te fuiste y el Príncipe Alan fue a buscarte, empezaron a hablar- me explica, poniéndose de rodillas.
-¿Sabes qué dijeron?
La pequeña niega y agacha la cabeza.
-Lo hicieron entre ellos para que yo no les escuchara, pero sus caras decían que estaban disgustados.
Abrazo mis rodillas y apoyo en ellas la cabeza.
-No es mi culpa que esté obligada a hacer algo que no quiero.
-¿Te refieres a ir a las fiestas? Pensaba que era lo mejor de ser Princesa.
Miro a mi hermana y esbozo una pequeña sonrisa, llevando mi mano hasta su cara para apartar de ella un mechón de su pelo completamente rubio; tan diferente al mío de color negro.
-Papá quiere que el Príncipe Alan y yo nos casemos, para así poder unir los reinos y ayudar a los habitantes del nuestro- le explico de la mejor forma para que lo entienda.
La pequeña hace una mueca y se acerca más a mí.
-Pero eso no está bien- dice cogiendo mis manos- Deberías poder casarte con quién tú quieras y que papá busque otra forma de cuidar del pueblo.
La abrazo con fuerza en silencio agradeciendo que, a pesar se su corta edad, comparta mi forma de pensar.
-Además tú ya quieres a alguien- susurra.
La aparto de mí y alzo una ceja. Ésta sonríe antes de nombrar a quién no puedo sacar de mi cabeza.
-Bueno...- suspiro, desviando la vista hacia la ventana- La última vez que nos vimos no fue muy bien que digamos.
-¿Por eso ya no llevas el collar? ¿Os habéis enfadado?- pregunta con preocupación.
Cierro los ojos por un momento sabiendo que lo hace sin mala intención.
-Eso es más... Complicado.
-Tal vez yo podría hablar con él- dice de pronto- Podría preguntarle el motivo por el que habéis dejado de veros y puedo convencerle de que volváis a hacerlo.
Me acerco a ella sonriendo y le doy un beso en la frente.
-Seguro que si eres tú quien lo hace nos perdonamos enseguida.
Suelta una pequeña risa seguida de un bostezo, por lo que me levanto para llevarla a su habitación y que siga descansando.
Una vez he comprobado que ha vuelto a dormirse, salgo al pasillo para regresar a mi cuarto; pero observar a mi padre dirigirse a algún sitio a éstas horas me hace detenerme y, confusa, seguirlo.
Camino a varios metros de distancia cuidando de que no me vea hasta que llegamos a un lugar del Castillo en el que nunca antes había estado.
Me pego a la pared cuando se detiene para abrir la puerta que parece tener algún mecanismo secreto y me apresuro a adentrarme segundos después de que lo haga él.
Agarra una de las antorchas de la pared para alumbrar su camino y trato de seguirlo lo más cerca posible para no perder la luz.
Sigue avanzando, conmigo detrás, hasta llegar a la misma sala donde encontré el libro la última vez.
Se acerca a él y frunzo el ceño cuando le observo sacar mi colgante del bolsillo de su chaqueta.
Un escalofrío me recorre la espalda y empiezo a sentir que el aire me falta, provocándome un dolor en el pecho que va creciendo por segundos.
No soy consciente de que mi padre me ha visto hasta que me encuentro tumbada frente a él.
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Once upon a Princess (Reales I)
Random*Historia sin corregir* Érase una vez una Princesa... Que luchaba para que las cosas fueran bien.