Une vez he puesto un pie en la plaza del pueblo, cojo las cestas para apresurarme a repartir la comida entre la gente.
Como siempre, algunas personas la aceptan y otras las rechazan, pero hoy no me importa mucho, ya que hay otra razón mucho más importante por la que he venido hasta aquí.
Devuelvo las cestas vacías al carruaje y empiezo a caminar hacia mi nuevo objetivo.
Los nervios me recorren durante todo el trayecto y los siento aún más cuando me encuentro frente a su casa.
Respiro hondo antes de acercarme y llamar a la puerta.
Ésta se abre unos segundos después pero vuelve a cerrarse sin darme tiempo a hablar.
Cierro los ojos y me tranquilizo.
—Oliver, por favor— digo apoyando mi frente en la madera.
No recibo respuesta.
Suspiro y aprieto mi mano contra ésta.
—¿Podemos hablar sólo cinco minutos?
Silencio de nuevo.
—En nombre de su Alteza le ordeno que abra la puerta— alzo la voz sin importarme que la gente de alrededor me escuche.
No me sorprendo cuando la puerta vuelve a abrirse para ésta vez dejarme entrar.
—Gracias— digo sonriendo aunque de espaldas a él.
—¿Qué se le ofrece, Princesa?— pregunta de la misma forma que la última vez. Nada de reverencias burlonas ni sonrisas tontas.
Suspiro y me doy la vuelta para mirarle.
—N-no sé que ha pasado para que te comportes así conmigo— digo casi en un sollozo— Pero antes... — me tomo mi tiempo para ordenar las palabras de mi cabeza. Ahogo un sollozo con el que las lágrimas empiezan a salir.
Sin tener que decir más, cosa que agradezco, Oliver se acerca a mí y me envuelve entre sus brazos.
Posa una mano en mi pelo y lo acaricia con suavidad, igual que mi madre hacía cuando era pequeña.
—Solo quiero que estemos como antes— consigo decir entre sollozos, alzando un poco la cabeza para mirarle pero sin despegarme de su pecho.
Oliver rehuye mi mirada y pongo una mano en su mejilla para obligarle a posar la vista en mí. Ésta tiembla y lo siento aún más con el contacto de su piel.
—Pensaba que ya no ibas a querer verme— susurra.
Frunzo el ceño algo ya más calmada.
—No— niego repetidamente con la cabeza— ¿Por qué creer que querría eso?
Éste se separa y se acerca a uno de los muebles de cuyo cajón saca un papel.
Me lo entrega y lo agarro confusa.
"Posible enlace entre los reinos de Drealux y Wraegia".
La Princesa Emily de Drealux y el Príncipe Alan de Wraegia podrían verse comprometidos en los próximos meses, según cuenta el Rey de Drealux, quien tiene esperanzas de que su hija acceda a seguir con la tradición y asuma el poder del trono una vez desposada.
Arrugo la hoja con fuerza tras leer la noticia.
—No me gustaría entorpecer los planes del Rey— dice Oliver cabizbajo.
Le miro por unos segundos antes de acercarme y abrazarlo con fuerza.
—No vas a entorpecer nada porque no habrá ningún enlace— contesto aún pegada a él.
Éste se aparta para mirarme a los ojos y le observo sonreír. Cómo lo había echado de menos.
—Hablaré con mi padre cuando vuelva al Castillo. No puede tomar éste tipo de decisiones por mí.
—Esa es mi Princesa— dice apretando mis manos con suavidad y, tal vez de forma inconsciente, darme un beso en la mejilla.
De pronto he encontrado respuesta a ese sentimiento que tengo al estar con él.
—¿Sabes?— digo enrollando mis brazos en su cuello y pegando mi nariz a la suya, a escasos centímetros de sus labios— Tal vez no quiera casarme, pero sé con quién quiero pasar el resto de mi vida.
En un segundo mis labios rozan los suyos y todo parece esfumarse alrededor.
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Once upon a Princess (Reales I)
Acak*Historia sin corregir* Érase una vez una Princesa... Que luchaba para que las cosas fueran bien.