Capítulo 1

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GWENDOLYN

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GWENDOLYN

Los hombres apestan.

Las citas son una mierda.

Y mi trasero está congelado por esperar una hora al tremendo idiota que no tuvo la decencia de aparecer para rechazarme.

El día que me mudé a San Francisco sentí que por fin mi momento había llegado, todo el trabajo duro me había llevado derecho a esa ciudad para disfrutar mi vida como nunca antes. Error, mi vida sigue siendo igual de aburrida que hace cinco años con la diferencia de que ahora temo salir de noche, mi único amigo es mi empleado y tengo una pastelería-catering que no será enteramente mía hasta que no pague todas mis deudas.

La vida de adulto es una farsa. No hay fiestas glamurosas, no encuentras al amor de tu vida haciendo burbujas en una esquina junto a su tierna sobrina y, sobre todo, el tiempo escasea. Y yo dediqué dos horas de mi ajetreado día a un idiota que prefirió quedar conmigo en el parque para luego dejarme plantada. ¿En qué momento mi vida se ha vuelto tan caótica?

Ahora solo sé que quiero darme un baño caliente y llamar a mi hermana mayor que debe estar dando clases pero que conseguirá hacerse un minuto para atender mis dramas y hacerme reír. Es su deber como primogénita.

—Llegó nuestra rompecorazones —canturrea Steven, mi amigo y empleado a tiempo completo—. ¿Qué tal tu cita? ¿Lo dejaste boquiabierto con ese increíble look?

—No sé si estás siendo sarcástico o en verdad quieres saber.

—Gwen, soy tu amigo, por supuesto que quiero saber. Y claro que estoy siendo sarcástico, tu sweater es horrible.

—Me lo regaló mi madre.

—De algún lugar tenías que heredar tu horrible gusto.

Suspiro con pesadez y termino de acercarme al mostrador donde las delicias que he horneado en esta jornada están exhibidas. Estamos cerca del horario de cierre y quedan pocas cosas por venderse por lo que no dudo en robarme un muffin con arándanos y chocolate blanco de una de las canastas.

Maldita dulzuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora