Colin y Gwendolyn solo tiene una cosa en común: el amor al arte. Él, bajista de una banda en ascenso. Ella, pastelera en un negocio que va ganando renombre. Pese a su éxito personal, la vida no siempre les sonríe.
Gwen tiene mala suerte en el amor.
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COLIN
Ingresamos a San Francisco con el sol bañando con una tenue luz la cima de los edificios más altos, la ciudad parece tranquila con el inicio del amanecer. Una vez más, no estoy respetando mi horario para descansar, pero nadie me dice nada porque esta noche no soy el único que está despierto y ansioso por llegar. Key y Lee están frente a mí en los asientos mientras nos adentramos a la ciudad. El encargado de seguridad y otro guardia que han asignado para que nos cuiden durante el trayecto también están aquí con nosotros mirando con anhelo.
Estamos de vuelta en casa, una parada rápida antes de emprender de nuevo la marcha y no volver por meses. Todos queremos llegar; todos queremos dormir en nuestras propias camas por dos noches más y abrazar a ciertas personas con más fuerza ante la partida.
El bus está silencioso a medida que nos adentramos entre las calles y la gente en la ciudad parece ir despertando porque de pronto hay más movimiento, más tráfico y llegar a destino se vuelve más lento. Por obvias razones de seguridad, no iremos a nuestro edificio, sino que haremos una parada antes en la discográfica donde nos esperarán choferes privados que nos llevarán a nosotros y al resto del equipo a nuestras casas.
Cuento los minutos a medida que pasan como un preso que está tachando los días para volver a la libertad. Tres días y dos noches, es todo el tiempo que tendremos en San Francisco y quiero aprovecharlo para estar con Gwen.
Está claro que puede sentir nuestra anticipación e imagino que él se siente igual de ansioso que nosotros porque podrá ver a sus hijos y pasar unos días con ellos. Key y Lee no tienen una razón romántica para querer volver, al menos que yo sepa, aunque esperan junto a mí. Creo que, pese a lo mucho que adoramos la gira, no hay nada como estar en casa.
—¿Le avisaste a Gwen que llegarías hoy? —me pregunta Key despegando la mirada de la ventana.
—Sí, aunque no le dije a qué hora. Las mañanas suelen ser agitadas para ella y no quería molestarla.
—¿Agitadas en qué sentido? —interviene Lee con una sonrisa pícara—. ¿Le están dando buen uso al regalo?