Capítulo 13

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GWEN

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GWEN

Las piernas todavía me tiemblan cuando salgo de la habitación y me siento tan avergonzada que quiero correr hacia la puerta y no volver. Claro que el sexo oral no tiene nada de malo, lo que me avergüenza es que su amigo nos haya interrumpido en pleno acto y quién sabe todo lo que ha podido escuchar. No soy silenciosa, lo admito, y pese a que Colin salió antes para eliminar las suposiciones de Key, está claro que el chico no es tonto y que puede unir dos puntos muy obvios.

Cuando llegué al departamento luego de mi segunda plantada en un mes, no imaginaba ni de cerca esta situación. Colin es mi amigo. O lo era. Ahora ya no sé cómo considerarlo. Que me haya hecho gemir su nombre no significa que nuestra amistad haya terminado, aunque no se me dan muy bien estas situaciones. ¿Quiero repetirlo? Claro que sí. Mil veces sí. Pero las dudas me atontan y los malos escenarios inundan mi cabeza. Los «y si...» no dejan de llegar y voy a volverme loca antes de la medianoche.

Respiro profundo, tan profundo como puedo y doy el primer paso hacia la sala. Me he colocado los pantalones que me quedan grandes y los he ajustado tanto como pude, aun así siento que estoy desnuda cuando la mirada de Colin se cruza con la mía. Ni hablar de la sensación asfixiante cuando Key repara en mí y me dedica algo así como una sonrisa. Él sabe lo que sucedió y está haciéndomelo saber con ese gesto que le queda muy bonito en su atractivo rostro pero que ahora me produce la necesidad de borrárselo de un golpe.

—Buenas noches, Gwen —me saluda con diversión—. ¿Disfrutaste la ducha?

—Eh... claro. El agua tiene mucha presión aquí.

—¿Qué quieres cenar, Gwen? —interviene Colin dedicándome una mirada de disculpas por su amigo—. Key quiere sushi, yo pizza, pero como tú eres la invitada tienes la última palabra.

—Cualquier cosa está bien.

—Ella quiere sushi.

—Eso no fue lo que dijo, Key.

—A mí me sonó así.

Aprovecho su pequeña discusión por la cena para tomar asiento en el sillón intentando acomodarme lo más lejos posible de esos dos. Pese a que es más grande que el mío, no es gigante y la distancia que me separa de Colin no es mayor a un metro. Notarlo me enciende de nuevo, trayendo consigo fragmentos de lo que sucedió en su cuarto. Sus manos en mis piernas, sus labios sobre los míos, su lengua en mi...

Maldita dulzuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora