Capítulo 26

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GWEN

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Las relaciones son curiosas, toda clase de relaciones. Pasar de ser dos personas desconocidas a amigos, compañeros, enemigos, lo que sea, implica cambios, movimientos y conocerse. Hubo un tiempo en que dejar que otros me conocieran me aterraba, mostrar mis sueños, mis debilidades y las cosas que me hacían reír hasta las lágrimas. Ya no me asusta, pero no dejo a cualquiera conocerme. En parte porque tengo trabajo pendiente todo el tiempo y son pocos los que están dispuestos a aceptarlo y, en parte, porque creía que estaba bien tal y como estaba, aunque fuera a citas a ciegas casi siempre e intentara probar suerte con Tinder.

Colin no me asusta, al contrario, con él siento que puedo abrirme y mostrarme, y es quizás por eso que ahora hablamos a diario, casi cada hora del día. Steve dice que somos un dolor de cabeza, que nos vemos tan tiernos que le damos nauseas. Mi hermana afirma que está bien, que hablar a diario no implica necesariamente un compromiso y que puedo hacer lo que me plazca todo el tiempo. La verdad es que Faith está cegada por el dolor y mucho no escucho sus consejos u opiniones, a pesar de que suene horrible. En lo que sí les doy la razón a ambos es que lo que sea que ahora Col y yo tengamos, me gusta.

Me gusta lo suficiente para hablarlo con ellos, para no buscar a alguien más y para pensar en él en algunas noches de insomnio. La relación que tenemos, sea amistad o el nombre que tenga, me gusta tanto que he aceptado ausentarme de un día muy concurrido en la pastelería para ir a verlo.

—Se te hará tarde. —Steve finge que no le interesa mientras acomoda la caja registradora, aunque la última hora no ha hecho más que recordarme que tengo que irme pronto—. No quieres que Colin te espero, ¿o sí?

—Bueno, no me gusta llegar tarde.

—Mejor que te espere. —Sus ojos me buscan—. Es bueno hacer esperar a un hombre, crea expectativa y somos débiles ante la expectativa.

—No me haré la difícil.

—Claro, eso deberías haberlo hecho antes de la casita del árbol.

Lo hago callar con rapidez porque no dejaré que hable de mi vida sexual en voz alta delante de una cafetería llena. Los clientes no quieren saber que tuve la mejor experiencia de mi vida en la casita del árbol de mi niñez.

Maldita dulzuraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora