Colin y Gwendolyn solo tiene una cosa en común: el amor al arte. Él, bajista de una banda en ascenso. Ella, pastelera en un negocio que va ganando renombre. Pese a su éxito personal, la vida no siempre les sonríe.
Gwen tiene mala suerte en el amor.
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COLIN
No soy un muchacho de citas; de hecho, no recuerdo cuándo fue la última vez que fui a una. Mi última pareja fue en la universidad y ya ha pasado muchos años desde entonces, e incluso en ese momento no necesitamos citas. Fuimos amigos primero y luego simplemente terminamos de la misma manera poco después. Así que cuando tuve que organizar una cita con Gwen, no supe por dónde arrancar.
«Piensa que tú estás yendo a una cita» me dijo Key.
«Haz algo grande» fue el consejo de Lee.
«No hagas ninguna estupidez» me aconsejó Taylor.
En definitiva, sus palabras me ayudaron, pero no me dieron una pista. Recurrí a mi buen amigo Google y escuché un podcast sobre citas donde afirmaban que ir al cine no era una buena idea. Mi primera opción murió entonces. Cansado y ya sin ideas, busqué planes interesantes para realizar cerca de San Francisco. ¡Bingo! Un par de llamadas, un depósito bancario y la cita tomó forma en minutos.
Ahora, con Gwen mirando el globo aerostático con los ojos abiertos de par en par y con una sonrisa curvando sus labios, creo que hice bien. Quizás no se trata de pensarlo tanto, tal vez se trata de la persona con quién estarás y en pasarla bien.
—Espero que no tengas miedo a las alturas.
—Nop, solo a la oscuridad. Y a los bichos con muchas patas. —Me dedica su sonrisa—. Estoy muy emocionada por subirme, ¿cómo se te ocurrió esto?
—Investigando.
—¿A mí? —suelta con confusión.
Niego con la cabeza.
—Actividades cerca de la zona.
—Bueno, si me hubieras investigado a mí, sabrías que siempre quise subirme a uno. Tuve una etapa en mi adolescencia en que ahorré por meses para viajar a Turquía y subirme a uno.
—¿Y qué sucedió?
—Era un sueño caro y tenía otros sueños que le ganaron, como tener mi pastelería.