Capítulo 68

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GWEN

Una noche, en una charla filosófica luego de arduas horas de trabajo y con un poco de alcohol de por medio, Steve me dijo que la vida suele ponernos a prueba haciéndonos vivir situaciones similares una, otra y otra vez hasta que aprendemos la lección. Como es mala costumbre en mí, creí que estaba exagerando y no le presté mucha atención.

Spoiler: Steve suele tener mucha razón en estas cosas.

La vida me está poniendo a prueba otra vez, con la misma situación y de una manera que podría resultar cómica si no fuera porque me hierve la sangre del enojo. Creí que ya había aprendido la lección, está claro que no fue así porque Alex está de nuevo en la cafetería pidiendo verme y con esa sonrisita socarrona en el rostro que despierta mi lado violento.

No lo quiero aquí.

¿Por qué sigue viniendo?

—¿Irás a verlo? —quiere saber mi mejor amigo con preocupación, espiando por la ventana de la cocina—. Dijo que no se marchará hasta que salgas.

—No lo sé. No quiero hablar con él, pero tampoco lo quiero aquí.

—Puedo echarlo si quieres.

—Sería provocarlo y no quiero que la cafetería pierda su paz.

—Tendrías que contratar a un guardia para la puerta —me aconseja en un susurro—. Para que le impida la entrada.

—Lo quiero lejos, no en la entrada ni en ningún lugar —me quejo, al borde de un berrinche—. Estoy cansada de él y de todo lo que está haciendo.

—Debe querer llamar la atención de Colin.

—Entonces que lo busque a él. —Suspiro—. Suena mal, lo sé. Quiero ser un apoyo para Colin, pero me agota saber que puede venir aquí cada vez que quiera y llamarme como si fuera su empleada, todo porque es obvio que no quiero armar un escándalo.

—Es un maldito infeliz —dice Holly a nuestras espaldas—. Lo siento por el lenguaje.

—No te preocupes —la tranquilizo—. En verdad es un maldito infeliz.

Maldita dulzuraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora