Capítulo 52: Viaje astral

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...Los momentos más felices son aquellos en los que no ns damos cuenta de nuestra felicidad...



Pov Adara

Me despierto, me siento cómoda, extremadamente, una respiración lenta choca en mi cabello, aun adormilada levanto un poco la cabeza, observando el perfil del Dios Griego que duerme a mi lado, sus labios entre abiertos y leves ronquidos llegan a mis oídos, sonrío y niego con la cabeza.

Trato de moverme pero un agarre no me permite alejarme por mucho, caigo de nuevo en la cama, boca arriba, y Zarek rueda hasta quedar acostado sobre mi pecho.

— ¡Zarek!, ¡dejame levantarme! —Me quejo.

— No —responde simplemente.

— Zarek —Lo regaño y trato de apartarlo, recibiendo una mordida en mi seno derecho—. ¡Hey!

— Tengo sueño, o te callas o te sigo haciendo mía.

Me lo pienso por unos segundos y mi mente suicida me pide que siga hablando pero mi conciencia me hace chitón.

Llevo una mano a sus cabello acariciándolo con parcimonia, rasco tras su oreja y puedo escuchar un leve ¿ronroneo? Este hombre es la dualidad en persona. ¿Cómo puede ser tan seductor y adorable?

Una de mis dudas existenciales que posiblemente nunca resuelva.

En ese momento escucho unos golpes en la puerta y el grito de verdulera de mi hermana pronunciando mi nombre como si su vida se le fuera en ello. Zarek suspira cansado y yo río bajito.

— ¿No podemos dejar el cartel en la puerta? —pregunta con voz de niño chiquito.

— No —Le respondo y palmeo su espalda—. Arriba.

— Que se quede fuera —menciona.

— ¡Zarek! —Lo regaño y aquel hombre de 1.90 de altura ha levantado su formidable cuerpo, apoyando en una sola mano todo su peso y con la otra sujeta mi rostro, estampando sus labios en los míos, su escurridiza lengua se abre paso al interior de mi boca, buscando el contacto de la mía, haciéndome perder los sentidos.

— ¡Ara! —chilla la voz de Iria y la puerta de mi habitación es abierta—. ¡Disculpen! —exclama y escucho un portazo.

Empujo a Zarek por los hombros y se separa de mis labios, miro asustada hacia la puerta y el pecado personalizado resopla.

— Las personas deberían acostumbrarse a que tu casa no es una iglesia —comenta él.

< Ahora si que Iria no me dejará en paz. > Pienso.

Narrador Omnisciente

Ares se internaba en un palacete dorado hasta llegar a donde una mujer de cabello castaño claro y ojos azules estaba sentada en un gran trono, esta lo observa impasible.

— Hermano, hace mucho no venías.

— Hace mucho no mandabas a tu mascota a espiarme, veo que estás recuperando las viejas costumbres.

Ella simplemente se encoje de hombros — Sólo quería saber que hace mi dulce hermanito.

— No te hagas la buena conmigo, prometiste dejarlo en paz —dice este molesto.

— ¿Ahora que se supone que hice hermano? —La castaña se cruza de brazos, optando una posición defensiva.

— Sabes muy bien lo que haces, ¿o crees que no sé que fuiste tú la que mandaste a Fobetor y Fantaso a meterse con los sueños de la chica?

Zarek. Mi Dios Griego personalHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora