— ¡¡Zarek!! —Un grito desgarrador inunda mi hogar, un hogar que se siente vacío y dolor, un hogar que no es nada sin él—. ¡No! ¡Por favor!
Mi pecho duele mientras mi respiración se corta. No puede ser posible.
Desapareció ante mis ojos y no pude hacer nada para impedirlo.
Zarek no puede volver.
No puedo abandonarlo.
Esto no puede terminar así.
— Za... —sollozo y entonces siento un pequeño mareo.
Y me doy cuenta. Mis recuerdos con Zarek están siendo borrados de mi memoria.
— ¡No! —susurro al darme cuenta de lo que sucede.
Yo no podía olvidarlo.
Su nombre se va borrando, su sonrisa, sus ojos dorados que me miraban con pasión, tristeza, amor, deseo. Su sonrisa, su ternura, su calidez, todo...se va.
Me encojo en mi lugar, llorando.
A pesar de que no sé por qué lloro, lo hago. Algo dentro de mí duele, algo falta, como si me rompieran en dos pedazos y se llevaran una parte de mi alma.
— Vuelve —suplico al aire, sin saber bien que es lo que debe volver—. Regresa, por favor.
Y mientras los recuerdos de todos los que habían visto al servidor de féminas se desvanecían los inscritos sobre un pergamino regresaban junto con el hombre que volvía a su eterna prisión.
Pov Zarek
Adara no está, he desaparecido, soy consciente de ello. Me abrazo a mí mismo, tratando de guardar por un momento más su calor entre mis brazos.
Oscuridad.
Es así como puedo definir donde estoy. No se escucha nada, soy absorvido por la noche eterna del pergamino.
Comienzo a respirar con dificultad y mis lágrimas inundan mis ojos mientras encojo mi cuerpo en posición fetal. No es solo mi estado de pánico.
< Te necesito. >
— ¡¡¡Adara!!! —grito al vacío y mi voz se rompe.
< Eres mi libertad. >
Mi pecho duele al estar tan consciente de mi situación.
< No volveré a verla. >
Seré invocado por alguien más, y la cruel realidad es que cuando vuelva a salir, Adara ya no estará.
No estará ella y su sonrisa, no estarán sus hermosos ojos oscuros, ni su voz diciéndome que no me abandonará, no la veré reír ni tratar de escapar de mí, no estará su alegría, ni sus besos, sus caricias, su amor.
No existirá mi motivo para vivir.
< Otra vez lo perdí todo. >
Todo lo que amé se desvaneció, o mejor dicho, yo me desvanecí.
Siento que me ahogo, mi garganta se cierra cuando siento como si aquella oscuridad me aplastara.
— Adara —murmuro su nombre—. Te necesito.
Unos segundos de silencio y abro mis ojos ante la sorpresa.
"— Vuelve, regresa, por favor."
Escucho su voz y levanto mi cabeza, observando a mi alrededor, obligándome a volver a la calma.
— ¡Adara!, ¡¿dónde estás?!
"— ¡Regresa! ¡Te necesito!"
Su voz desgarrada hace eco en todo aquel silencio y de repente veo una luz más adelante.
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Zarek. Mi Dios Griego personal
AcakUn guerrero griego ha sido invocado del pergamino que lo mantiene en cautiverio con el único propósito de servir a su invocadora, en un siglo donde todos es completamente diferente. Su nueva ama no quiere utilizarlo pero el tiene una misión que cump...
