Capítulo 31: La primera pluma

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... El ser humano es tan superficial que se conforma con solo ver el exterior de una hermosa vasija sin preocuparle que en el interior halla una temible serpiente esperándolo para atacar...



Pasan un par de horas en los que aun no puedo dormir, Adara sigue escribiendo, pero por fin ha parado, se estira y frota su cuello para luego apagar la computadora.

Yo cierro mis ojos esperando que no se dé cuenta de que aún estoy despierto y la he mirado como acosador por horas.

Demonios, que mal sonó.

Siento el colchón a mi lado hundirse y por un par de minutos no me muevo, cuando siento que estoy seguro abro los ojos, ella se encuentra de espaldas a mí, su cabellera negra se esparce sobre la almohada.

Su respiración es constante por lo que puedo decir con claridad que se ha dormido.

Cambio de posición extendiendo mi espalda sobre el colchón quedando boca arriba. Si lo pienso, hace siglos que no dormía en una cómoda cama sin tener que pasar noches largas de sexo salvaje.

Todos los recuerdos vuelven a mi mente como un crudo flechazo, siento una punzada de dolor en mi pecho, veo el fuego y las cenizas de aquella batalla como si no hubiesen pasado milenios...

Y su rostro aparece, el hombre que mató a Selene a sangre fría, solo por mi culpa, si ella no hubiese estado vinculada conmigo hubiese seguido viva y disfrutado la vida que se merecía.

Me obligo a sacar aquellos pensamientos de mi mente y descansar, le hecho un pequeño vistazo a la fémina a mi lado y niego ante la idea que se me ha cruzado por la mente.

< ¿Y si te aparta? ¿O te saca de la habitación? Mejor estate quieto, ya bastante amabilidad ha tenido contigo. >

Me dice mi subconsciente y obedezco. Poco a poco mis párpados me van pesando hasta que caigo en el sueño.

Narrador omnisciente

Mientras tanto, en el Olimpo, Hermes se adentraba a la capilla del templo de Ares, este al verlo se levantó de su asiento, tan formidable como siempre.

— Hola hermano, hace mucho no apareces —Le dijo este y Hermes se detuvo frente a él.

— Nunca estoy en un mismo lugar por mucho, lo sabes —Le sonrió burlón y este negó con la cabeza invitándolo a sentarse—. Lo siento, no puedo quedarme por mucho.

— Tú nunca puedes quedarte por mucho —respondió Ares—. Ya sabía que no venías solo a verme.

Hermes sonrió apenado con su hermano.

— Lo siento, pero vine a avisarte, la primera pluma ha caído.

El rostro de Ares se tornó de sorpresa mientras meditaba aquella noticia.

— ¿Alguien más lo sabe? —preguntó y su hermano negó con la cabeza—. Bien, entonces que se quede así, ¿de acuerdo?

— Por supuesto —asintió este y dio media vuelta—. Por cierto, la próxima vez te prometo solo venir a pasar un rato contigo.

Ares rió.

— Artemisa y tú siempre dicen lo mismo.

Tras esas palabras Hermes salió de la estancia a una velocidad inhumana. Ares movió a una mano al frente y las puertas se cerraron.

< La primera pluma desapareció. >

Pensó antes de ir al jardín de su templo.

— ¡Artemisa! —gritó a los cuatro vientos pero al no recibir respuesta bufó— ¡Artemisa! ¡Hija de tu puta madre! ¡Ven aquí ahora mismo!

Zarek. Mi Dios Griego personalHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora