Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Max
Volví a pasar los dedos entre mi pelo, revolviéndolo todavía más. La mano de Christian recorría mi espalda mientras ambos estábamos en la sala de espera. Ya hacía un buen rato que la habían atendido, y todavía no nos habían dicho nada. Y yo, personalmente, estaba a punto de perder los nervios.
-Max, tienes que tranquilizarte... -pidió Horner sin dejar de acariciar mi espalda. Era la primera vez que hablaba desde que estábamos en la sala de espera. Christian sabía perfectamente cuándo mantenerse en silencio, cuándo necesitaba no hablar. Di las gracias porque él estuviese allí, porque nadie sería capaz de tranquilizarme como lo hacía él.
-Ha pasado más de una hora desde que llegamos. ¿Por qué nadie nos dice nada? -protesté apoyando la espalda en la silla, echando la cabeza hacia atrás. Las pocas personas que había en aquella sala nos miraban de reojo y murmuraban entre ellos. Y no era para culparlos. Todavía llevábamos la ropa del equipo y seguramente habrían visto nuestras caras en televisión en algún punto.
-Max... -la mano de Christian fue a mi rodilla, y la apretó ligeramente. -Durante esta hora he estado pensando que... bueno, si ella no quiere denunciarlo, lo voy a hacer yo -mis ojos viajaron a los suyos. Estaba realmente nervioso; se notaba perfectamente en las pequeñas gotas de sudor que tenía sobre su frente.
-¿No será mejor que hablemos con ella primero?
-Me da igual lo que responda. No voy a dejar que viva así; atemorizada por una persona que debería estar en la cárcel por lo que ha hecho -suspiré con pesar, pasando las manos por mi cara. Tenía toda la razón del mundo, pero temía que Abby no se lo tomase bien; que pensase que nos estábamos metiendo demasiado en su vida. -El responsable de esto soy yo, Max. Si tiene que odiar a alguien, que sea a mi.
-Pero Christian...
-Max, te necesita a su lado. Sé que estáis con eso de ir despacio, pero ahora necesita tu apoyo más que nunca -asentí repetidas veces, y la mano de Christian fue a mi cabeza, revolviendo mi pelo todavía más. -¿Quién me iba a decir a mi hace unos años que poneros a trabajar juntos acabaría en esto?
-¿En un ataque de ansiedad? -bromeé intentando rebajar un poco de tensión.
-No, en tí completamente enamorado de Abigail...
-Ya lo estaba antes de trabajar con ella, la verdad -confesé bajo la mirada atónita del inglés.
-¿Familiares de Abigail Cooper? -me levanté del asiento como si tuviese una especie de resorte cuando el médico apareció en la sala de espera, con unos papeles entre sus manos. El hombre de gafas y barba perfectamente recortada, avanzó hasta nosotros con gesto serio. -¿Son sus familiares?
-Soy su... -me paré a pensar unos cuantos segundos, y enseguida respondí lo primero que se pasó por mi mente; lo que más sentido tenía. -Soy su novio -aseguré sin dudar y Christian me dedicó una pequeña sonrisa. -Sus padres estarán de camino...