Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Abby
-¿Qué tal has dormido? -preguntó Daniel en el mismo instante en el que puse un pie en la cocina. Todos estaban allí; todos menos Max, que parecía seguir durmiendo. Las miradas se pusieron sobre mi, y supe que alguien se había enterado de lo sucedido anoche. Escondí las manos dentro de las mangas del pijama en forma de camiseta que le había robado a Max hacía mucho tiempo. Era azul con rayas blancas y me quedaba tan largo que no hacía falta ni que me pusiese pantalones.
-Perfectamente -respondí sin querer dar más detalles, porque sabía muy bien cómo era Daniel. Siempre aprovechaba lo mínimo para comenzar a interrogarme. Así que prefería no darle aquella oportunidad.
-¿Cuántas horas has dormido? Pocas, ¿no? -estaba sonriendo, disfrutando de aquel pequeño momento de tortura. Suspiré profundamente y decidí sentarme en el único sitio de la mesa que había libre; entre Lando y Pierre.
-¿Podemos cambiar de tema? -pedí sirviéndome un poco de zumo de naranja en mi vaso y agarrando una de las napolitanas que había en una enorme fuente en el centro de la mesa.
-Claro... Hablemos entonces del anillo que tienes en esa mano -dijo señalándolo, y yo sentí el calor subiendo a mis mejillas. Sabía que me estaba ruborizando, y eso todavía me avergonzaba más.
-¿Te lo ha pedido arrodillándose? -bromeó Lando, que parecía querer unirse a aquella tortura. El muy capullo estaba disfrutando aquel momento tanto o más que Daniel. Mientras, tanto Pierre como Yuki o incluso Charles se mantenían en silencio pero, eso sí, con una enorme sonrisa plasmada en sus rostros.
-No me ha pedido nada -aseguré, intentando que aquella conversación terminase lo antes posible.
-De momento... -la voz de Max hizo que me girase y, en el preciso momento en el que pasó cerca de mi, golpeé su brazo. Odiaba que estuviese dándoles aquello que ellos tanto ansiaban: algo de lo que hablar.
A pesar de que acababa de levantarse, estaba realmente atractivo. Su pelo era un auténtico desastre; era más que obvio que no se había peinado. Tampoco lo necesitaba, porque conseguía darle aquel toque sexy que tanto me gustaba. Se había puesto una de sus camisetas blancas y un bañador azul oscuro que acentuaba sus glúteos perfectamente trabajados.
-¿Y bien...? -insistió Daniel.
-¿Qué? -pregunté ya algo molesta.
-¿Qué significa el anillo entonces? -miré a Max, que agarró un croissant para llevárselo a la boca. Parecía darle completamente igual lo que nos estuviesen preguntando. Era como si, finalmente, estuviese completamente seguro de lo que quería, tanto que no le importaba ni lo más mínimo el tener que explicarlo.
-Que estamos juntos -aseguró el holandés dejando a los demás en un principio con la boca abierta y luego con una enorme sonrisa en sus rostros.
-No estamos juntos -me apresuré a responderle, algo que hizo que Max me mirase con el ceño fruncido. Un carcajada fugaz se le escapó a Lando, que se llevó las manos a la boca para poder contenerla. Si lo que Max quería era darles espectáculo a los demás, se lo daríamos con creces.