Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Sakhir, Bahrain ( 20 de marzo del 2022)
En cuanto el motor falló y Max tuvo que retirar el coche, supe de inmediato que iba a explotar. Quizá no allí, delante de todo el mundo, pero sí en privado. Me lo confirmó su mirada cuando se quitó el casco y lo tiró al suelo después del pesaje.
Supe que a Christian no le había gustado su reacción cuando le hizo un gesto a su representante de prensa para que fuese a buscarlo. Aunque, conociendo a Max, no haría caso a nadie.
Anduve detrás de aquella mujer, que parecía estar tensa. Todo el mundo lo estaba cuando se trataba de Max, y sobre todo en aquel tipo de situaciones. Podía haber madurado, podía ser campeón del mundo, pero su carácter no había cambiado. Él siempre quería ganar, siempre. Pero cuando algo se salía de su control... ese era el punto de inflexión. Todo se iba a la mierda y, los que estuviesen a su alrededor, debían estar preparados.
-No está -susurró su representante en cuanto abrió la puerta después de varios intentos por que respondiese.
-Genial...
Cualquiera pensaría que eso era algo bueno, que al menos no iba a estallar allí, delante de todo el mundo. Pero era peor. Iba a hacerlo a solas, probablemente en la habitación del hotel, sin nadie a su lado para salvarlo de sus demonios internos.
Así que, todo el tiempo que tuve que permanecer en el circuito hasta que pude irme, se me hizo un infierno. Era incapaz de dejar de moverme de un lado a otro, mordiéndome las uñas bajo la mirada atenta de Christian, que parecía más preocupado por mi que por el hecho de que ambos motores hubiesen dicho basta.
-Habla con él, por favor -pidió mientras yo metía las últimas cosas en mi mochila.
-No creo que quiera hablar con nadie -respondí echando la mochila a la espalda. Suspiré, porque podía imaginarme cuál sería la situación al llegar al hotel. Rabia y más rabia.
-Hablará contigo. De eso puedes estar segura.
-Christian, yo... No sé si todo esto es una buena idea, ¿sabes? No quiero que se confundan las cosas... -lo dije con pesar, porque yo ya había empezado a confundirme.
No podía dejar de pensar en aquella noche en las escaleras que daban al enorme jardín de los Horner. Tan solo nosotros dos; mirándonos a los ojos, confesándonos bajo la luz de la luna llena. Habíamos estado tan cerca, a punto de besarnos, que, por un instante, sentí como si nada hubiese sucedido. Por unos segundos, era como si los años no hubiesen pasado. Había dejado de pensar en Ethan para pensar solamente en Max.
-Ven conmigo -pidió Christian agarrándome de la mano para hacerme entrar en una de las salas que había a su disposición. -Sé que me estoy metiendo donde no debo, cariño, pero te conozco como si fuese tu propio padre, y veo cómo lo miras.
-Christian...
-No, déjame hablar -exigió sin soltar mi mano. -Sé que estás prometida, pero no estás enamorada de Ethan.