Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Montecarlo, Mónaco (5 de diciembre de 2022)
Abby
-Por dios, Abby. Abre la puerta de una maldita vez -pidió Max de nuevo mientras yo metía la llave en la cerradura.
Nuestras vacaciones habían terminado antes de lo esperado debido al gran susto que habíamos tenido. Decidimos que lo mejor era volver a casa para estar realmente tranquilos, y el segundo día de vuelta a nuestro hogar lo habíamos dedicado a ir de compras. Y nada de lo que habíamos comprado, aquello que cargaba Max, era para nosotros; sino que era para nuestra niña.
-Joder, al fin -exclamó en el mismo instante en el que abrí la puerta y entró en casa como una exhalación para dejar todo en el suelo.
Habíamos comprado una cuna de madera blanca, con sus sábanas y su colchón, así como un mueble con su cambiador en el mismo color. Y, a pesar de que había insistido en ayudarle a cargar con algo, se había negado en rotundo. El gran susto que nos habíamos llevado en Saint Barth había hecho que Max fuese todavía más cauteloso a la hora de decidir qué podía o no hacer yo.
Esperé en la cocina, bebiendo un vaso de agua, a que Max acabase de trasladar todas las cajas desde el ascensor hasta la entrada de nuestro piso. Y lo hizo francamente rápido, con gotas de sudor cayendo por su frente y la camiseta ajustándose a su cuerpo por culpa del esfuerzo. Me eché un poco más de agua en el vaso, bebiendo de nuevo, para intentar calmar aquel calor que comenzaba a formarse en mi interior.
-Jamás pensé que unos muebles tan pequeños pesarían tanto -comentó Max llevándose las manos a la espalda, poniendo una clara expresión de dolor.
-Bueno, al menos ya nos hemos decidido -bromeé, pues habíamos pasado horas y horas de tienda en tienda para elegir los muebles perfectos. Y lo peor es que habíamos acabado comprando los primeros que habíamos visto.
-Querrás decir que al menos te has decidido... Porque yo lo tenía claro desde un principio -protestó robándome el vaso para echarse un poco de agua.
-Eh, es una decisión importante, ¿vale?
-Más importante es el nombre... -recordó aquella tarea que teníamos pendiente y que tanto nos estaba costando. -¿Cuánto crees que nos llevará, Abby? ¿Acabaremos escogiendo también el primero que se nos ocurra después de tener en cuenta las miles de opciones posibles?
-Cómo te gusta tocarme los-
-Shh... -advirtió poniendo su dedo índice para evitar que dijese algún taco. -Ahora mismo ya puede escucharnos.
-¿Y tú cómo sabes eso? -pregunté con una pequeña sonrisa. Me encantaba que se estuviese informando porque aquello tan solo demostraba lo interesado que estaba.
-Lo he leído en internet.
-Vaya... -me mordí el labio inferior, porque sabía perfectamente lo que quería decirle para molestarle un poco. -Pues, si puede escuchar lo que decimos... ¿Sabes en qué otra situación puede escuchar también? -dije sonriendo de manera pícara para que él entendiese a qué me refería. Lo hizo al instante, y lo supe por cómo cerró los ojos y negó al mismo tiempo.