LV.

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Max

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Max

Cuando llamé a Abby, como cada tarde, y el rostro de Geri apareció en la pantalla, me temí lo peor. Eso significaba que la pelirroja no estaba en condiciones como para responder a la llamada, y significaba también que yo estaba a punto de coger un puto avión de vuelta a Mónaco.

-¿Qué ha pasado? -pregunté rápidamente, con el corazón en un puño y mi respiración agitada.

-Estamos en el hospital.

-Joder, Geri. ¿Por qué no me habéis avisado antes? ¿Qué le ha pasado? Tengo que avisar a Christian de que me voy.

-¡Max, por dios, tranquilízate! -exclamó ella, a pesar de que se encontraba en lo que parecía una sala de espera, porque mi reacción le había desesperado. -Hemos venido al hospital porque ha pasado una mala noche por culpa del estómago. No ha hecho bien la digestión y ha estado toda la noche vomitando. Solo eso. Nada está mal con Maddie, Max.

-¿Segura?

-Completamente. Nos ha atendido la doctora Brown, y se ha asegurado de que todo está bien. No tienes de qué preocuparte -suspiré profundamente, viendo cómo Charles, Daniel, Lando y Pierre entraban en mi habitación del hotel. Definitivamente, había sido un error darle la llave a Daniel.

-Geri, si fuese necesario que volviese a casa, me avisarías, ¿verdad? -la pelirroja frunció el ceño, claramente molesta por la insinuación que acababa de hacer.

-Joder, ¡claro que te avisaría, Max! ¿Por quién me tomas? -su grito traspasó la pantalla y se sintió como si estuviese allí mismo, en mi habitación. Creo que jamás la había visto tan molesta, y quizá era también por la cantidad de horas que llevaba metida en aquel hospital.

-Dios, lo siento, Geri... Tan solo estoy estresado, y preocupado y...

-No eres el único que está estresado, ¿sabes?

-Pero soy el único que está a miles de kilómetros de Abby.

-Llevo horas en el hospital, Max. ¡Horas! Estoy lejos de mis hijos para poder ayudaros, y fui yo misma la que se ofreció porque os quiero muchísimo, pero todo tiene un maldito límite. Si quieres cuidar a Abby tú mismo, vuelve a casa y deja de marearnos a todos, porque me estoy cansando, Max. Todos se están cansando de cómo estás últimamente. Aprende a confiar un poco en mi y en las personas que os quieren a Abby y a ti, o sino vuelve a casa y la cuidas tú mismo.

La señal se cortó y yo maldije en mi idioma, para que las demás personas que estaban en la habitación no pudiesen entenderme. Me llevé las manos a la cara, jodidamente cansado de aquella situación. Necesitaba que se pasasen aquellos días cuanto antes y volver a casa para estar con Abby.

-No sabía que la señora Horner tenía tanto carácter... -bromeó Lando, que ya había sacado una de las botellas de mi minibar. -Pero tiene razón.

-¿Cómo? -pregunté algo confundido.

Incontrolable | Max Verstappen +18 (Imparable Libro 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora