Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Saint Barth, Francia (20 de noviembre de 2022)
Abby
La mirada de Luca, el sobrino de Max, se clavó en mi barriga, que estaba al descubierto debido al bikini que me había puesto aquel día. Llevaba así un par de minutos y me resultaba de lo más gracioso imaginar qué estaría pensando en aquellos instantes. Ni siquiera me quitó la vista de encima cuando su madre le entregó un pequeño yogur de fresa para terminar la merienda. Insistió en comerlo él solo, diciendo que ya era mayor y que podía hacerlo. Y así, embadurnó mitad de su cara con él, haciendo que yo sonriese de inmediato.
Me incorporé levemente en mi tumbona para tomar el vaso con agua y hielo. Aquel día hacía demasiada calor, y yo me estaba abrasando a pesar de estar bajo la sombra de la sombrilla. Max estaba acostado a mi lado, solamente vestido con un bañador azul marino, centrado en algún juego que tenía en su teléfono móvil. Le había insistido en varias ocasiones que disfrutase de las preciosas vistas del mar, pero sabía que la playa le aburría y que tan solo estaba allí por su familia y por mi.
-¿Qué tienes ahí? -habló finalmente el pequeño, con la boca llena de yogur, mientras señalaba mi barriga. Max levantó la mirada, apartándola de su teléfono, sonriendo ligeramente.
-Tiene un bebé. Como cuando mamá tuvo a Lio. ¿Te acuerdas? -le preguntó Victoria, y el niño asintió varias veces antes de tomar otra cucharada de su yogur para llevarla a la boca. Me resultaba realmente tierno verlo así, tan interesado.
-¿Y cómo entró ahí? -preguntó Luca, y Max estalló en carcajadas, llevándose la mano al estómago. Mis mejillas se tornaron de un color rosado que sabía que sería difícil que desapareciese.
-A ver ahora cómo se lo explicáis... -apuntilló Max, el cuál era prácticamente incapaz de contener la risa. Victoria y yo nos miramos la una a la otra, sin saber muy bien qué decir. ¿Cómo se le explicaba aquello a un niño tan pequeño?
-Pues... cuando mamá y papá se quieren mucho, a veces tienen un bebé -Luca asintió todavía con el ceño fruncido, pareciendo no estar convencido del todo.
-Entonces el tío Max y tú os queréis mucho, ¿no? -me preguntó el pequeño, y yo asentí varias veces, teniendo miedo a responder por saber cuál sería su contestación. -Pero, ¿quién puso el bebé dentro?
-Yo, con mucho esfuerzo -contestó Max riendo, ganándose que su hermana le lanzase lo primero que encontró, que en este caso era una de las pelotas de lo niños.
-Pero los bebés son grandes -replicó Luca, que parecía cada vez más confuso a medida que pasaban los minutos. -¿Cómo entra?
-Haciendo fuerza.
-¡Max! -exclamé al ver que no paraba de responder de aquella manera que me ponía de los nervios. Su hermana parecía estar cada vez más exasperada con él, y no la culpaba. Cuando Max quería, podía llegar a ser realmente irritante. Aunque también he de decir que sus continuos comentarios estaban arrancándome una pequeña sonrisa.