Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Montecarlo, Mónaco (17 de octubre de 2022)
Abby
-Abby, ¿qué es eso que estás comiendo? -preguntó Max tan pronto como llegó a la cocina. Estábamos en Mónaco, y él llevaba toda la mañana trasladando cosas de su casa hasta nuestro nuevo dúplex.
-Pepinillos -respondí sacando otro del bote y dándole un mordisco. Él me miró con una ceja enarcada mientras dejaba otra caja más en el suelo.
-¿Qué mierda es eso en la que lo estás mojando? -preguntó con un gesto de asco bastante cómico. -Dime que no es mayonesa, por dios...
-Es mayonesa -confirmé mojando en la salsa.
-Abby, eso es jodidamente asqueroso -respondió intentando quitarme el pequeño plato en el que había echado la salsa.
-Ni se te ocurra -dije cortante, agarrando el plato para que no pudiese arrebatármelo. -Esto me quita las náuseas.
-¿Esa mierda te quita las náuseas? -preguntó incrédulo, fingiendo tener una arcada cuando me vio dar otro mordisco. -Joder, a mi me las provoca...
-Quizá no estaría así, con náuseas y mal cuerpo si tu no hubieses hecho lo que has hecho -me quejé, y él volvió a suspirar mientras ponía los ojos en blanco.
-En algún momento teníamos que hacerlo, ¿no?
-Bueno, quizá juntar a tus padres, que no se pueden ni ver, con los míos para contarles que les vamos a hacer abuelos no es la mejor de las ideas -para mi era algo obvio. Para Max no lo parecía tanto.
-Van a ser abuelos. Tienen que enterarse y, sobre todo, soportarse los unos a los otros. Les guste o no.
-Las cosas no funcionan así -contesté mojando otro pepinillo en mayonesa para llevármelo a la boca justo antes de que Max me quitase el plato de delante. -Ya conoces el temperamento de tu padre...
-Que le jodan y que asuma la realidad -dijo poniendo el plato dentro del fregadero, echándole agua para que se llevase la salsa.
-Max, no puedes ir así por la vida -me quejé cruzándome de brazos, observándolo atentamente.
Se me hacía realmente complicado echarle una charla cuando me miraba de aquella manera. Tenía puesta una camiseta de licra de deporte que se ajustaba perfectamente a su anatomía. Sudaba por el esfuerzo de tener que estar trasladando cajas y cajas con sus pertenencias, y el sudor no hacía más que pegar la fina tela a su torso.
-Tú tampoco deberías comer esas mierdas y lo estás haciendo -respondió dejándome sin mucho más que decir. Apreté los labios, porque odiaba con todo mi ser que me dejase en silencio, sin nada que rebatir. -Abby...
-¿Hmm?
-¿Tienes algo de barriga o soy yo que estoy soñando? -preguntó acercándose más a mi.
Miré hacia abajo, fijándome en lo que acababa de decirme. Me había puesto una camiseta que, meses atrás, me quedaba realmente floja, pero ya no era así. Tan solo estaba embarazada de dos meses, pero mi cuerpo estaba empezando a cambiar. Ni siquiera podía distinguirse si estaba engordando o si realmente era barriga de embarazada, pero ciertamente mi cuerpo estaba sufriendo un cambio.