Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Max
Miré a Abby, que estaba en el asiento de enfrente al mío. Se había quedado dormida al poco rato de despegar, como cada vez que se sentaba en cualquier lado. Su único síntoma los últimos días era el cansancio. Le importaba muy poco dónde estuviésemos; el sueño siempre ganaba la batalla y ella no podía remediarlo.
A mi lado, sentado en el jet privado, estaba Christian. No había dicho prácticamente nada desde que habíamos despegado porque estaba demasiado centrado en los últimos detalles del fin de semana. Así que simplemente me fijé en Abby.
Me resultaba realmente tierna la imagen de ella durmiendo, tumbada, usando dos asientos. Tenía la boca ligeramente entreabierta y, de vez en cuando, movía ligeramente su diminuta nariz. Estaba completamente seguro de que estaba soñando, y debía ser algo bueno porque sonreía de vez en cuando.
Podría pasar horas observándola mientras dormía; tan tranquila. Había echado de menos verla así, relajada, con cero preocupaciones. Parecía haber vuelto al pasado, a cuando Abby no tenía ningún tipo de problemas, a cuando Ethan ni siquiera había aparecido en su vida y no tenía que preocuparse por si, de repente, aparecía frente a la puerta de su casa. Porque ella no lo decía, pero sabía que todavía tenía miedo. La delataba la forma en la que miraba por la mirilla de la puerta cuando alguien timbraba en su casa, o por cómo siempre miraba hacia atrás cuando caminaba por la calle, como si quisiese asegurarse de que allí no había nadie.
Y por eso yo estaba deseando que viniese conmigo a Mónaco. Necesitaba que se relajase, que dejase de preocuparse por si él volvía a aparecer. Quería que disfrutase de aquellos meses, de cada momento que íbamos a vivir. Y quería que lo hiciese a mi lado, porque me moría al pensar que podía perderme algo.
-La vas a desgastar de tanto mirarla -bromeó Christian en un susurro, probablemente para evitar despertarla. Él también se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba descansar.
Me giré hacia él, sonriendo de forma inevitable, porque eso era lo que pasaba cada vez que la miraba. Sonreía como un idiota cuando imaginaba cómo sería nuestra vida juntos, después de tantos obstáculos. Algunos habían sido porque éramos realmente idiotas y nos habíamos empeñado muchas veces en no asumir la realidad. Otras habían sido simplemente cosas de la vida.
-¿Cómo está? -preguntó susurrando, y por su tono supe que estaba preocupado. Siempre lo estaba cuando se trataba de Abby. -A veces tengo miedo a que no me esté diciendo la verdad y que, en realidad, lo esté pasando mal o...
-Está bien -respondí para que dejase de preocuparse. Sabía lo que significaba Abby para él y lo mucho que había sufrido meses atrás. -Cansada y con náuseas por las mañanas pero, por lo demás, está realmente bien -era la verdad. Quizá no era la persona más enérgica en las primeras horas del día, pero era feliz. Cada mañana, cuando se miraba en el espejo en busca de algo que pareciese una barriga de embarazada, se giraba hacia mi sonriendo y yo me sentía la persona más afortunada del mundo.