XI.

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Abby

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Abby

Me levanté en silencio y avancé por el pasillo andando en puntillas, intentando hacer el menor ruido posible mientras me dirigía a la habitación de Max. Todavía no habíamos dormido ni una noche juntos, pero todas las mañanas teníamos la misma rutina. Yo me despertaba, iba a su habitación y allí pasábamos un buen rato el uno en los brazos del otro.

Y esa mañana no fue una excepción. Me metí en la cama, bajo las mantas, con mucha delicadeza para no despertarlo de golpe. Me abracé a su cuerpo y, pocos segundos después, él correspondió el abrazo liberando una especie de ronroneo que me hizo sonreír.

-Buenos días -susurré sin separarme de él.

-Buenos días -respondió todavía con la voz ronca. Aquello era lo que más echaba de menos de dormir juntos; escuchar su voz cada mañana me gustaba más de lo que podría admitir. -¿Cuándo vas a dormir conmigo?-preguntó estrechándome más contra él, apoyando mi cabeza contra su pecho y dejándome invadir por el calor que emanaba de su cuerpo.

-Nos quedan algunas citas -bromeé, y él tan solo suspiró.

-Puedes dormir conmigo sin tener que follar, Abby -respondió haciendo que mi cuerpo girase, quedando recostada sobre él.

-Lo sé, pero es una tentación -reí, causando el mismo efecto en él.

-Entonces, ¿cuántas citas son para poder dormir juntos? -preguntó mientras yo me sentaba sobre él y sus manos sujetaban mi estrecha cintura.

-Cinco mínimo -afirmé y él enarcó una ceja. -¿Qué pasa? Son tres para un beso, cinco para dormir juntos y diez para follar.

-Las tres citas para el beso quedaron reducidas a una. Todavía tengo esperanzas... -lo dijo con una enorme sonrisa en su rostro, y no era para menos. Si alguien era capaz de hacer que mandase la regla de las citas a la mierda, ese era él. Porque Max siempre sería una excepción constante.

El teléfono de Max comenzó a sonar y ese fue el único momento en el que sus manos abandonaron mi cuerpo.

-Es Christian -anunció antes de responder la llamada. -Hol-

Intentó hablar, pero supongo que fue interrumpido por un Christian enfurecido, cuya voz podía escucharse desde donde yo estaba, pero no distinguir lo que decía. Aún así, las únicas palabras que conseguía entender no eran más que insultos e improperios varios que, si bien no sabía a quién iban dirigidos, sí sabía que esa persona no tenía mundo para correr.

Y, mientras tanto, la cara de Max palideció. Se volvió del mismo color que las sábanas en cuestión de segundos mientras escuchaba a su jefe sin interrumpirlo ni siquiera un segundo. Supe en ese instante que debía ser algo grave, pues pocas cosas existían que pudiesen dejar a Max sin palabras.

-Sí, está aquí conmigo -habló por primera vez después de su intento de saludo. -Claro, se lo diré ahora... Si, adiós.

Y, nada más despedirse de Horner y colgar la llamada, sus ojos se encontraron con los míos. Comprendí en ese instante que algo importante había sucedido, algo que había asustado incluso a Max, que solía ser siempre la persona que me sostenía cuando más lo necesitaba. Y, si él se venía abajo, ¿qué sería de mi?

Incontrolable | Max Verstappen +18 (Imparable Libro 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora