EPÍLOGO

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Abby

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Abby

Respiré profundamente cuando la mujer terminó de poner la última horquilla en mi pelo para asegurarse de que mi recogido no se deshiciese. Me miré en el espejo, tan bien maquillada, con mi cabello decorado por pequeñas flores... Y mi sonrisa se hizo inmensa.

El primer sollozo fue el de mi madre, y el segundo el de Geri, que parecía llevar mucho rato conteniéndose. Inhalé profundamente, echando la cabeza hacia atrás, intentando no unirme a sus llantos para no destrozar el perfecto maquillaje.

-No me hagáis llorar, joder -pedí entre risas mientras ellas tomaban cada una un pañuelo para evitar que se corriese su maquillaje de ojos.

-Estás guapísima, cariño -susurró mi madre cuando la peluquera acomodó el velo en mi recogido.

Y aquel pareció ser el punto de inflexión tanto para mi madre como para Geri, pues ambas empezaron a llorar con más ganas. Habían sido ellas dos las que me habían acompañado a comprar el vestido, las que habían llorado cuando me lo vieron puesto por primera vez y seguían llorando aquel día.

El vestido no podía ajustarse más a mi cuerpo y a mi personalidad. La parte de arriba, ajustada, en forma de corset y unas mangas abultadas, y la de abajo de una seda que fluía según cómo le diese el viento.

-No puedo creer que estés a punto de casarte con Max -rio la pelirroja, que le contagió el gesto a mi madre, que reía entre lágrimas.

Unos golpes en la puerta nos hicieron voltearnos. Antes de que pudiésemos responder, la cara de Christian apareció entre el un pequeño hueco de la puerta, con los ojos cerrados por si había algo que no pudiese ver.

-¿Puedo entrar? Quería hablar contigo, Abigail -sonreí ante aquel gesto de forma irremediable.

-Anda, entra -accedí sin pensarlo.

Tanto Geri como mi madre supieron que era momento de salir de aquella habitación. Estábamos en la residencia de los Horner; allí donde se llevaría a cabo tanto la ceremonia como la celebración. En el mismo instante en el que se lo habíamos pedido, Horner aceptó ilusionado.

Y ese día, cuando abrió los ojos y me vio vestida de novia por primera vez, sus ojos también se llenaron de lágrimas. Se controló hasta que su mujer abandonó el cuarto, supongo que como muestra de orgullo, pero alguna lágrima se le escapó en el mismo momento en el que nos quedamos a solas.

-Estás preciosa, cariño -susurró agarrando mis manos, apretándolas ligeramente. Sentí cómo mis ojos volvían a llenarse de lágrimas, y cada vez era más difícil controlar los sentimientos. Ese día estaría lleno de emociones. -Todavía me acuerdo de la primera vez que entraste en mi despacho. Eras tan niña...

-Era tu favorita; acéptalo -bromeé para intentar contener las lágrimas.

-No tiene sentido que lo niegue cuando es más que obvio -sonrió ampliamente, sin soltar mis manos. -Sabes que siempre te he querido como a una hija, cariño... Siempre quise que fueses tan feliz como eres ahora. Lo gracioso es que sea Verstappen el que te tiene así...

Incontrolable | Max Verstappen +18 (Imparable Libro 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora