Se separaron. Ella tomó el camino de la derecha, y él tomó el de la izquierda. Pero olvidaron que el mundo es redondo.
Libro 2 de la saga Imparable | Max Verstappen.
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Oxfordshire, Inglaterra (1 de septiembre de 2022)
Abby
La ligera brisa de la tarde hacía que el tiempo fuese todavía más agradable. El jardín de la casa de los Horner siempre me había parecido una auténtica maravilla. Era el sueño húmedo de cualquiera al que le gustasen las flores. Había de todo tipo. Rosas, tulipanes, lirios, camelias, azucenas... y lavanda. También había lavanda. Sonreí en cuanto la vi, plantada junto a la fachada de la casa, decorando la puerta de acceso al jardín a ambos lados.
-Gracias por venir, cariño. Sé que es tu día libre -dijo Christian sacándome de mis pensamientos mientras yo llevaba la copa de champagne a la boca.
-Sabes que me encanta estar aquí -confesé después de beber. -Además, tu cumpleaños es una de las mejores celebraciones que existen.
Y no mentía cuando lo dije. Todo el mundo estaba allí; incluso Heidi acompañada de Daniel que, a pesar de ya no trabajar para Red Bull, jamás se perdería la fiesta de cumpleaños de Christian. Aquel siempre sería un evento al que Daniel siempre iría.
-Puede que este sea mi último cumpleaños antes de ser... abuelo -dijo después de dudar un par de segundos. Él no era mi padre, pero llevaba a cabo todas y cada una de las funciones que uno tendría. Me cuidaba, pensaba en mi en todo momento, siempre quería lo mejor para mi.
Sonreí tontamente cuando analicé sus palabras. A pesar de haber repetido en varias ocasiones cuáles serían sus normas y las mil y unas cosas que jamás haría a pesar de quererme como una hija, sabía que nada de aquello se cumpliría. El día que tuviese un bebé entre sus brazos, se olvidaría de todo.
-Puede que tarde mucho tiempo en quedarme embarazada -le recordé, pues parecía más que convencido de que pasaría de un momento a otro, como si todo fuese tan fácil.
-Estoy seguro de que sucederá dentro de poco, sobre todo teniendo en cuenta lo dedicados que supongo que estaréis a la tarea -mis mejillas comenzaron a arder de un momento a otro, y supe que estaba absolutamente ruborizada.
-Christian, por Dios... -susurré antes de volver a beber de la copa, realmente avergonzada. Al fin y al cabo, Christian era como un padre en todos los sentidos de la palabra. Y, ¿quién no se moría de vergüenza ante una situación así?
-¿Ahora vas a hacerte la santa? Podías haberte controlado aquella noche en el hotel...
-¿Hasta cuándo vas a recordármelo? -pregunté enarcando una ceja. Parecía imposible que eso fuese a suceder en algún tiempo cercano.
-Hasta que logre olvidarlo -bromeó pasando uno de sus brazos por encima de mis hombros, estrechándome en un abrazo.
Miré a lo lejos, allí donde se encontraba Max junto a Daniel, bromeando como de costumbre. También estaba Pierre con ellos que, siendo miembro de Alpha Tauri, era uno más de la familia.