1/2/1954 - 15/2/1954
-¿Cómo que el cumpleaños de Abraxas es la semana que viene?-.
-Sí, la octava. ¿Desde cuándo le llamas por su nombre?- replicó Orión, desconcertado. ¿Cuándo había ocurrido esto?.
Estaban sentados en el sofá, Hadrian reclinado contra el reposabrazos con un par de cojines en la espalda y las piernas medio dobladas para poder apoyar su libro en ellas mientras Orion estaba sentado como una persona normal muchas gracias. Honestamente, Hadrian iba a destruir su espalda con la forma en que se sentaba.
-Desde que pasó la noche. La primera vez-. El adolescente se encogió de hombros. El ojo de Orión se crispó, si alguna vez escuchaba a Abraxas burlarse de él por dejar que el adolescente usara su nombre de pila tan rápido como lo había hecho se iba a enterar, de verdad. -¿Por qué me hablas de su cumpleaños ahora?-.
-A Abraxas siempre le gusta celebrarlo, pero su familia... ya sabes que no se lleva bien con ellos-. Hadrian asintió, sin emitir juicio alguno. -Así que puede que te pida salir o hacer algo. Así que no lo rechaces demasiado rápido aunque no te interese, o dirígelo en mi dirección si no sabes qué hacer. Lo hace todos los años unos días después de la fecha real-.
-Lo tendré en cuenta-. Dijo, asintiendo y volviendo a su libro. Levantó la vista de nuevo no unos segundos después. -¿Cuándo es tu cumpleaños?-.
-El 29 de marzo-. Dijo automáticamente, sin esperarse la pregunta. Satisfecho, Hadrian volvió a su libro.
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-Abraxas, hijo, ¿cuándo vas a cortarte ese pelo? Sabes que ese largo no es apropiado-.
-Gracias por tu preocupación, tía Matilde, pero está perfectamente bien como está-. Le dedicó una de sus sonrisas más alegres, una que le decía que no iba a cambiar de opinión, antes de excusarse.
Eran sólo las siete de la tarde y, por suerte, la cena familiar que papá había hecho preparar a mamá no se había retrasado demasiado. Después de años sin asistir, sus padres se habían dado cuenta de que no le gustaba asistir a bailes, y mucho menos a bailes de cumpleaños en los que él era el centro de atención. Al final se decidieron por una cena familiar como término medio.
No es que los odiara, la extravagancia, las decoraciones, la ropa, incluso la compañía en ocasiones cuando sus propios amigos eran invitados eran de su agrado. Pero al mismo tiempo los bailes eran tan restrictivos, tantos protocolos y reglas, todo el politiqueo aunque la mayoría de las veces las personas invitadas ya eran consideradas aliadas o amigas. Era su cumpleaños. Aún tenía veinte años, quería salir con sus amigos y emborracharse, ¡no asistir a bailes! Música de mal gusto para gente igualmente de mal gusto, en su opinión, aunque sabía que Orión era capaz de superarlos impecablemente.
Sin embargo, esas cosas le drenaban la energía como ninguna otra, no era como si les gustara, o le entendieran, o supieran de lo que hablaba cuando realmente intentaba entablar una conversación. Y entonces acababa diciendo algo que no debía saber pero que no sabía que no debía saber porque era algo natural en él y molestaba a todo el que no debía. Hacía lo que podía cuando tenía que asistir a una, pero no el día de su cumpleaños. Claro, él siempre quería celebrar el día en que se unió al mundo, fue un momento sin precedentes -(para todos los demás, claro, ya que ni siquiera él podía recordarlo)- en la historia, ¿quién no querría celebrarlo? Pero aun así, si quería celebrarse a sí mismo, prefería que fuera por algo que él hubiera hecho, le habían repetido una y otra vez lo terriblemente poco colaborador que había sido el día que nació, así que obviamente había sido mamá quien había conseguido una hazaña, no él.
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THE MISSING PARTS OF HISTORY
FanfictionEn retrospectiva, Harry podía admitir que tocar cosas al azar en Grimmauld Place no había sido una buena idea. Sin embargo, era un poco tarde para eso. Varado en el tiempo, sin camino de regreso a casa, Harry tuvo que aprender a hacer frente a su vi...
