Capítulo 84

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Enero 1957                           
Parte 2          

-¿Empacaste tu capa?-.

-¿Qué capa?- preguntó Hadrian, sabiendo que Abraxas sólo estaba comprobando nerviosamente qué hacer.

-Tu capa de Maestro de Pociones. Y la insignia. Te lincharán si tienes la capa sin la insignia. Sé que ya empacaste tu capa-.

-Sí, la tengo. No pienso usarla, pero la tengo-.

-¿Y tu bufanda?- Hadrian arqueó una ceja. -La Bufanda Rúnica. La que Orión y yo te obligamos a hacerte-.

-No-, dijo Hadrian.

Abraxas sonrió, se dio la vuelta y fue a buscarla. Hadrian suspiró y giró la cabeza, viendo a Orión tratando de ocultar sus risitas detrás del libro al revés.

-¿Buena lectura?- preguntó Hadrian.

-La mejor-, respondió Orión con suficiencia.

Hadrian se preguntó cuándo se daría cuenta Orión de que las letras estaban al revés y que su excusa para estar leyendo no funcionaba realmente. Hadrian ciertamente no iba a mencionarlo, sería más gracioso que Orión se diera cuenta por sí mismo.

-¡Aquí!-.

Abraxas volvió a salir del armario y con un rápido movimiento puso la bufanda alrededor del cuello de Hadrian. Era de un bonito y suave color gris, y las runas estaban hechas en un gris aún más claro para que parecieran pequeños detalles tejidos en la lana y no como si la bufanda pudiera quemarle las manos a alguien si manoseaba a Hadrian durante más de tres segundos consecutivos sin su consentimiento, no señor.

-Gracias, Brax-.

Hadrian agarró a Abraxas por los hombros y tiró de él hacia abajo para darle un beso que fue fácilmente correspondido. Abraxas rodeó la cintura de Hadrian con los brazos, reacio a soltarle, y Hadrian lo entendía, de verdad, pero si no salía ahora iba a llegar tarde y perdería su Traslador.

Con un mohín su novio rubio le soltó.

-Cuídate-.

-Prometo no ir en busca de problemas-, respondió Hadrian.

-Creo que es lo mejor que vamos a conseguir-, remató Orión, levantándose del sofá y acercándose a ellos para abrazar también a Hadrian. -Si te metes en líos, acaba con ellos, luego contactate conmigo y lo solucionaré todo-.

Hadrian sintió que debería sentirse ofendido por la suposición de que se metería en problemas de una forma u otra, pero... Bueno, realmente no podía refutarlo.

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-Ya debería haber aterrizado, ¿no?-. preguntó Abraxas, mirando nervioso el reloj.

Orión se sentó a su lado medio de lado, con una de sus piernas metida debajo de la otra, su taza de té aún humeante. La de Abraxas la había dejado sobre la mesa para cuando la quisiera.

-Abraxas, Hadrian está bien, me puse como contacto de emergencia por si había problemas con el Traslador. Nadie me ha llamado, así que no ha pasado nada-.

-Correcto-.

Por supuesto, Abraxas se estaba preocupando por nada. Hadrian sólo tenía una horrible fobia a los Trasladores y una horrible reacción a viajar en ellos. Nada nuevo. Pero iba a pasar por ello solo. Abraxas despreciaba esto.

-Ven aquí-.

Orión cambió la mano con la que sujetaba la taza y le tendió la que ahora tenía libre.

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