Capítulo 77

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Octubre de 1956                           

-Tengo los formularios que tienes que rellenar-. Dijo Orión, dejando caer una pequeña pila de pergaminos sobre su escritorio. -Cuanto antes lo hagas, mejor también-.

-Sólo para aclararlo, esto es para el torneo del mes que viene, ¿no? ¿El de Brasil?- preguntó, porque a menudo se encontraban en la misma situación. O se ponía al día con el papeleo o quién sabe qué haría Orión.

Comprar algo escandaloso, probablemente.

-Sí. Recuerda que vas a usar tu nombre y tu cara, pídele a Abraxas que te haga una foto para incluirla si no tienes ninguna reciente-.

Él no tenía ninguna, así que tendría que hacerlo. Las únicas fotos que permitía que le hicieran solían incluir a Orión, Abraxas o ambos, así que esas no servirían.

(A no ser que fuera una de las fotos que Abraxas colaba cuando estaba dormido o casi. Abraxas tenía una de esas fotos en la mesa de su despacho y era vergonzosa. Hadrian se alegraba de que Abraxas no permitiera a nadie más que a ellos en su despacho, ni siquiera cuando venían sus amigos, lo que últimamente ocurría mucho más. Aun así, no estaba usando uno de esos para esto).

Y su pelo había crecido lo suficiente como para que incluso la forma de su cara pareciera un poco diferente. Se lo había medio atado, ya que la parte inferior no era lo bastante larga como para atárselo bien. El flequillo seguía siendo un desastre y él lo prefería así, cubría su cicatriz sin parecer forzado. Abraxas se desesperó, pero admitió que era mejor ahora que podía quitarse la mayor parte del pelo de la cara.

-Lo haré en cuanto termine el último libro que me dio Dorus, ¿vale?-. Orión se encogió de hombros, mirando con recelo el libro que Hadrian tenía en las manos.

-Si te está agobiando, puedo pedirle que pare-.

-No, me ayuda a no pensar en otras cosas-.

Orión arqueó las cejas. -¿Como qué?-.

-El asesinato-.

Su respuesta le arrancó una carcajada y un cariñoso movimiento de cabeza, y pronto volvió a quedarse solo. Orión acababa de venir a entregarle el papeleo, y se preguntó si no sería él quien tenía que hablar con alguien, idealmente con Arcturus Black, para que dejara de sobrecargar de trabajo a Orión.

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Orión parecía nervioso. No en el sentido de "he hecho algo que no apruebas", sino en el de "no sé cómo decir algo y me tropiezo con las palabras". Por supuesto, una cosa era menos preocupante que la otra, así que Abraxas se contentó con sentarse al lado del más joven y ofrecerle apoyo hasta que Orión decidiera que estaba listo para hablar.

No fue hasta que Hadrian llegó a su salón, con aspecto agotado y diciéndoles que Dorus por fin se había marchado, que los ojos de Orión adquirieron un brillo decidido. ¿Debería Abraxas preocuparse por eso?.

Hadrian se tomó su tiempo para ducharse y cuando volvió, el adolescente no perdió tiempo en dejarse caer en el asiento junto a Abraxas y apoyarse en él.

-Tenemos que hablar-. Al unísono, él y Hadrian se tensaron ante las palabras de Orión, que pareció parpadear confundido antes de dedicarles una sonrisa tímida. -Lo siento, no es nada malo, en absoluto, lo prometo-.

-¿De acuerdo? ¿Qué pasa entonces?- preguntó Hadrian, no del todo tranquilo.

Por lo que Abraxas sabía, un "tenemos que hablar" nunca era una buena apertura de conversación, mucho menos cuando acababas de entablar una relación con la otra persona.

THE MISSING PARTS OF HISTORYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora