Capítulo 55

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25/9/1955                                                 

-Voy a hacerlo hoy-. Dijo mirando la pintura de Abraxas sobre la mesa del comedor.

Había conseguido que uno de sus elfos domésticos le trajera un surtido de plumas de pavo real de color blanco puro, las que se habían caído por una razón u otra porque era "inhumano arrancárselas a las pobres criaturas a la fuerza" y las estaba customizando lentamente una tras otra, pareciendo tan fijado en su tarea que no prestaba atención a nada más. (Siempre estaba prestando atención, sólo había dominado cómo no parecerlo).

Por lo que sabía, había puesto algunos hechizos y los había recubierto de una poción especial para que aguantaran bien la pintura y no se estropearan.

Pero en la mente de Hadrian, todo lo que podía ver era a Abraxas, despertando con él por primera vez en lo que parecía una eternidad hacía unos días.

Había algo suave presionando su frente y una letanía de murmullos que apenas podía entender. Se quejó de la luz que ahora podía sentir. ¿Quién demonios había abierto las persianas tan temprano?.

Giró todo su cuerpo, tratando de usar a Cálido, suave y seguro como escudo para poder dormir un poco más. Cálido, suave y seguro soltó una pequeña carcajada y sintió que su pecho se llenaba de calor con el sonido.

-Despierta, Rian, soleil, il est temps de commencer la journée-. [sol, es hora de empezar el día].

-No en francés-. No pudo pensar bien las palabras, su mente seguía siendo demasiado lenta. Abrió los ojos un poco, tratando de mirar al hombre, que sólo sonrió más, haciendo que sus ojos se arrugaran y aparecieran pequeñas arrugas.

Malditos genes Malfoy, todo lo que hacía lo hacía ver bonito.

-Allez, chérie, tu sais que tu aimes quand je parle comme ça-. [Vamos, cariño, sabes que te gusta cuando hablo así] Gimió, qué más daba si el maldito acento francés le revolvía el estómago. -Regarde-moi, ah, te voilà, bonjour mon soleil-. [Mírame, ah, ahí estás, hola sol].

Hizo un mohín. -Buenos días, Brax-.

El rubio estaba usando su brazo como almohada, usando el otro para mantenerlo en su sitio, la mano frotando suavemente su espalda por encima de la camisa. La mayor parte de su pelo se había salido de la trenza suelta que llevaba -(con la que estaba seguro que no se había ido a dormir)- y se lo había colocado desordenadamente detrás de la oreja para que no le entrara en los ojos.

Pero no era eso en lo que más se fijaba, no. Era la forma en que Abraxas tenía todo el cuerpo relajado, la perezosa inclinación de su sonrisa, el incipiente brillo de sus ojos. Abraxas era perfectamente consciente de dónde estaba y por qué, y por primera vez en mucho tiempo, le parecía bien.

Se dio cuenta de que Orión le miraba, intentando leerle. -Si ese es tu deseo. ¿Ahora o después de comer?-.

-¿Qué tal si dejamos que él decida? Ya que está escuchando y todo-.

Vio que los hombros de Abraxas se ponían rígidos y pudo adivinar que también había un rubor en su cara. No se había quedado callado. Abraxas estaba en la habitación, si no hubiera querido que lo escuchara habría puesto un encantamiento silenciador o se habría mudado él mismo, arrastrando a Orión con él para una charla privada.

-¿Y bien?- Dijo. Abraxas miró por encima del hombro.

-¿Hablar de qué, exactamente-.

-Oh, la poción. No te preocupes, no es nada malo. ¿A menos que no quieras saberlo?-.

THE MISSING PARTS OF HISTORYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora