Capítulo 40

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Febrero de 1955                                     
Parte 2                                                       

-Tengo... ¿una pregunta?-.

-¿Y? ¿Cuál es?- Dijo, odiando lo inseguro que Abraxas estaba actuando. Era la tercera vez que preguntaba si podía hacer una pregunta hoy, como si la respuesta no fuera siempre afirmativa. -Brax, puedes preguntar. Sólo te diré si no me siento cómodo con una pregunta-.

-¿Cómo te llamo?-.

-¿Cómo?-.

-Es que Hadrian no es realmente tu nombre, ¿verdad?-.

-Lo es, en cierto modo. Harry Potter no existe aquí, Abraxas, y sinceramente, ese nombre tiene tanta carga que me acostumbré al nuevo más rápido y fácilmente de lo que esperaba-. Dejó de cortar las verduras, no dispuesto a cortarse y hacer que el hombre entrara en su modo de madre gallina. Se dio la vuelta y se recostó contra la encimera, limpiándose las manos con un trapo de cocina que luego dejó a un lado, cruzando los brazos sobre el pecho. -Soy Hadrian desde... bueno, más o menos desde que te conocí, en realidad no me había considerado 'Hadrian Evans' hasta entonces-.

Abraxas frunció el ceño, acercándose y poniéndole las manos en la cintura, como si no pudiera contenerse físicamente para no tocarlo. Abraxas aprovechaba cada oportunidad que podía para hacer esas cosas, ya ni siquiera era raro. -¿Por qué?-.

-Es que no lo había hecho. Orión tuvo que reñirme por no contestarte cuando seguías intentando hablar conmigo y entonces sí que tuve que esforzarme-. Se encogió de hombros, y Abraxas soltó una suave risita.

-Así que era eso, no que me ignoraras-. Se sonrojó, apartando la mirada ante más risas. Recibió un picotazo en la mejilla, que no ayudó en nada a sus mejillas enrojecidas. -Entonces, ¿te quedarás Hadrian?-.

-No iba a cambiar después de contarte todo, Brax, yo sólo...-

Miró brevemente por encima del hombro del rubio. Desde aquí, podía ver el Reloj y Abraxas siguió su mirada, confundido, luego dejó escapar un "Oh" susurrado, conteniendo la respiración. Se retorció incómodo. Los ojos de Abraxas eran... tan suaves cuando lo miraban, no estaba acostumbrado.

-¿Tanto te importaba?-.

Fue un susurro, como si toda la conversación conllevara demasiada emoción para ser hablada en voz alta, pero las palabras habían escapado de los labios del rubio demasiado rápido como para mantenerlas dentro. Sintió que se le erizaba el vello de la nuca, Abraxas estaba tan cerca de él que podía sentir su respiración en la piel. Asintió sin decir palabra.

Había sido difícil expresarlo con palabras cuando hablaba con Orión y aún más ahora, pero Abraxas no lo hizo hablar, sólo lo abrazó más cerca, enterrando su nariz en el cabello de Hadrian con una pequeña y casi tímida sonrisa en los labios y un leve rubor apareciendo en sus mejillas.

Volvió a abrazarse y se quedó allí, saboreando la cercanía que sabía que había estado perdiendo durante el último mes, hasta que se hizo demasiado tarde y tuvo que volver a preparar la comida. Abraxas intentó ayudarle, como disculpa por haberle hecho llegar tarde, y el hombre al menos podía cortar las verduras uniformemente.

Más o menos. Bueno, no podía, pero Hadrian iba a hacer lo mejor que pudiera de todos modos porque había disfrutado trabajando con el rubio, no es que alguna vez le permitiera cocinar por su cuenta. Nunca.

Mientras preparaba todo en la mesa -(normalmente Abraxas u Orión insistían en hacerlo, pero Abraxas tenía que ir a la Mansión más tarde así que lo había mandado a ducharse)- para cuando Orión llegara a casa en unos minutos, hoy también había tenido trabajo en el Banco, volvió a oír la voz del rubio.

THE MISSING PARTS OF HISTORYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora