9/12/1953
-Orión, bienvenido, no te esperaba hoy-.
-Necesito tu ayuda-. Su amigo arqueó una ceja en su dirección. Puso los ojos en blanco. -Bien, hola, me alegro de verte, necesito un gran favor, oh poderoso señor de los pavos reales-.
-Nada de esa desfachatez, eres tú el que pide cosas a una hora tan poco santa de la mañana-. Dijo Abraxas, con una sonrisa burlona en la cara. Abraxas tenía muchas sonrisas diferentes para cosas diferentes, era casi su propio lenguaje. -Ahora, sígueme a mi salón privado, tómate unas bebidas, como la gente civilizada que soy y que se supone que eres, y hablaremos-.
Si Orion no hubiera sido amigo del hombre mayor desde que tenía 3 años, probablemente lo habría estrangulado. Pero lo había sido, así que lo siguió, porque estaban en la mansión de su familia y no quería ser más grosero de lo que ya había sido. Por supuesto, Abraxas se pasó todo el camino tarareando una de sus irritantes canciones y saltando más que caminando de verdad. Sinceramente, y antes le estaba reprendiendo. Resopló, era como si Abraxas viviera en un mundo de su propia creación la mayor parte del tiempo.
Llegaron a la sala de estar -(había cuatro en la mansión, la formal para los invitados cuando no usaban el salón, la informal para la familia, la del Señor y la del Heredero)- y Abraxas no perdió tiempo en sentarse en su sillón favorito y pedirle un té a uno de los elfos de su familia.
Orión se tomó un momento para estudiar a su amigo -(cabello rubio plateado largo hasta la cintura atado en una cola baja con una cinta púrpura, el suyo)-, túnicas exóticas perfectamente planchadas y sin una sola arruga fuera de lugar, el ligero maquillaje que le había gustado usar desde su quinto año inmaculado y haciendo resaltar sus claros ojos azules, varios accesorios coloridos decorando sus muñecas y orejas, la imagen perfecta de un sangre pura en su dominio, antes de sentarse con un suspiro.
El té llegó poco después y Abraxas se encargó de servirlo él mismo de la misma forma en que lo había hecho desde que estaban en tercer año y se le había metido en la cabeza aprender todo lo que había sobre la correcta ceremonia del té. Orión tomó su taza con un murmullo agradecido -(té blanco de Aguja de Plata, más dulce que el que Orión bebía pero que Abraxas sólo tomaba cuando estaba con su madre, así que probablemente no había sido su elección)- y esperó que las formalidades terminaran rápido.
-Estás lamentablemente impaciente hoy, Orión. No es propio de ti-. Y de repente, el libro encogido que llevaba en el bolsillo ganó una tonelada de peso mientras se aquietaba bajo la mirada de su más viejo amigo.
-Lo soy-. Meditó sus palabras. -Recuerdas que te pedí prestados unos libros hace una semana o así...-
-Hmmm, sí, catorce de ellos, hace once días. Muy particular, ya que nunca antes habías sacado los libros de la Mansión. ¿Fueron de ayuda?- Asintió, alisándose la cara para no hacer muecas, había esperado que no fueran de utilidad. Abraxas dio un sorbo a su té, parecía tan relajado como siempre. -¿De qué se trata, entonces?-.
-Yo...- Se encontró sin palabras. Lo mismo le había pasado con Hadrian, salvo que el adolescente lo había perdonado e incluso le había agradecido su honestidad, Abraxas era bastante más complicado que eso. No es que no quisiera escucharlo o ayudarlo, pero causaría un gran malentendido si no era claro. -¿Recuerdas la última vez que tuvimos aquí la noche del Juego? Creo que me lo imaginaba, pero me encuentro sin medios para confirmarlo-.
-Ah. Eso-. Abraxas se enderezó, dejando la taza y centrándose totalmente en él cualquier signo de broma desaparecido.
Orión sacó el libro y lo colocó, ahora de nuevo a su tamaño original, entre ellos en la mesa baja.
ESTÁS LEYENDO
THE MISSING PARTS OF HISTORY
FanfictionEn retrospectiva, Harry podía admitir que tocar cosas al azar en Grimmauld Place no había sido una buena idea. Sin embargo, era un poco tarde para eso. Varado en el tiempo, sin camino de regreso a casa, Harry tuvo que aprender a hacer frente a su vi...
