Capítulo 13

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9/12/1953                                          

-Orión, bienvenido, no te esperaba hoy-.

-Necesito tu ayuda-. Su amigo arqueó una ceja en su dirección. Puso los ojos en blanco. -Bien, hola, me alegro de verte, necesito un gran favor, oh poderoso señor de los pavos reales-.

-Nada de esa desfachatez, eres tú el que pide cosas a una hora tan poco santa de la mañana-. Dijo Abraxas, con una sonrisa burlona en la cara. Abraxas tenía muchas sonrisas diferentes para cosas diferentes, era casi su propio lenguaje. -Ahora, sígueme a mi salón privado, tómate unas bebidas, como la gente civilizada que soy y que se supone que eres, y hablaremos-.

Si Orion no hubiera sido amigo del hombre mayor desde que tenía 3 años, probablemente lo habría estrangulado. Pero lo había sido, así que lo siguió, porque estaban en la mansión de su familia y no quería ser más grosero de lo que ya había sido. Por supuesto, Abraxas se pasó todo el camino tarareando una de sus irritantes canciones y saltando más que caminando de verdad. Sinceramente, y antes le estaba reprendiendo. Resopló, era como si Abraxas viviera en un mundo de su propia creación la mayor parte del tiempo.

Llegaron a la sala de estar -(había cuatro en la mansión, la formal para los invitados cuando no usaban el salón, la informal para la familia, la del Señor y la del Heredero)- y Abraxas no perdió tiempo en sentarse en su sillón favorito y pedirle un té a uno de los elfos de su familia.

Orión se tomó un momento para estudiar a su amigo -(cabello rubio plateado largo hasta la cintura atado en una cola baja con una cinta púrpura, el suyo)-, túnicas exóticas perfectamente planchadas y sin una sola arruga fuera de lugar, el ligero maquillaje que le había gustado usar desde su quinto año inmaculado y haciendo resaltar sus claros ojos azules, varios accesorios coloridos decorando sus muñecas y orejas, la imagen perfecta de un sangre pura en su dominio, antes de sentarse con un suspiro.

El té llegó poco después y Abraxas se encargó de servirlo él mismo de la misma forma en que lo había hecho desde que estaban en tercer año y se le había metido en la cabeza aprender todo lo que había sobre la correcta ceremonia del té. Orión tomó su taza con un murmullo agradecido -(té blanco de Aguja de Plata, más dulce que el que Orión bebía pero que Abraxas sólo tomaba cuando estaba con su madre, así que probablemente no había sido su elección)- y esperó que las formalidades terminaran rápido.

-Estás lamentablemente impaciente hoy, Orión. No es propio de ti-. Y de repente, el libro encogido que llevaba en el bolsillo ganó una tonelada de peso mientras se aquietaba bajo la mirada de su más viejo amigo.

-Lo soy-. Meditó sus palabras. -Recuerdas que te pedí prestados unos libros hace una semana o así...-

-Hmmm, sí, catorce de ellos, hace once días. Muy particular, ya que nunca antes habías sacado los libros de la Mansión. ¿Fueron de ayuda?- Asintió, alisándose la cara para no hacer muecas, había esperado que no fueran de utilidad. Abraxas dio un sorbo a su té, parecía tan relajado como siempre. -¿De qué se trata, entonces?-.

-Yo...- Se encontró sin palabras. Lo mismo le había pasado con Hadrian, salvo que el adolescente lo había perdonado e incluso le había agradecido su honestidad, Abraxas era bastante más complicado que eso. No es que no quisiera escucharlo o ayudarlo, pero causaría un gran malentendido si no era claro. -¿Recuerdas la última vez que tuvimos aquí la noche del Juego? Creo que me lo imaginaba, pero me encuentro sin medios para confirmarlo-.

-Ah. Eso-. Abraxas se enderezó, dejando la taza y centrándose totalmente en él cualquier signo de broma desaparecido.

Orión sacó el libro y lo colocó, ahora de nuevo a su tamaño original, entre ellos en la mesa baja.

THE MISSING PARTS OF HISTORYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora