Capítulo 39

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Febrero de 1955                                       
Parte 1                                                        

Miró a Abraxas. El rubio estaba tumbado en la cama, tarareando una canción para sí mismo mientras hacía movimientos en el aire con el dedo. Llevaba unos pantalones deportivos muggles blancos y una camiseta caleidoscópica que le había gustado en su último viaje al mundo muggle, el pelo suelto a su alrededor como pocas veces lo llevaba.

Hadrian sabía que Abraxas estaba trabajando en algo que sólo él podía ver, cálculos que se hacían a partir de ilusiones en su mente, no sólo haciendo movimientos al azar porque sí, así que no quiso interrumpirlo.

Como deseaba que él y Orión estuvieran haciendo más progresos en su proyecto, era mejor y ahora no explotaba, pero eso apenas era una mejora.

-Puedes entrar, sabes que no me importa-.

Tragó saliva, mordiéndose el interior de la mejilla pero avanzando en silencio. No tenía sentido fingir no haber oído al hombre, eso sólo empeoraría las cosas, más aún porque sólo quería disculparse.

-Acuéstate conmigo, no te quedes ahí de brazos cruzados-.

-¡No lo hago!- Se quejó, pero se subió a la cama de todos modos. Abraxas no detuvo sus movimientos, sólo frunció un poco el ceño e hizo una línea cortante con el dedo antes de volver a él. -Lo siento-.

-¿Por qué?- Dijo, aparentemente desinteresado. Hizo una mueca.

-Por ser un idiota contigo, lo siento. No fue culpa tuya que estuviera enfadado y no me diera cuenta de que te estaba haciendo daño-.

-¿Puedo al menos saber qué es lo que está tan mal para que ocurriera en primer lugar?-.

-Yo...- Tragó saliva, sin mirarle. -Estoy trabajando en ello, lo siento-.

-Esa es una disculpa horrible-.

-Estoy tan...-

-Para-. Abraxas le cortó y él hizo otra mueca de dolor, mordiéndose el labio.

Abraxas suspiró con fuerza, casi convirtiéndolo en un gemido, antes de ponerse de lado, con cuidado de no tirarle del pelo, con un brazo bajo la cabeza. Su otra mano buscó su barbilla, haciéndole levantar la vista hacia él. Así, estaban más cerca de lo que Hadrian se había atrevido antes.

-Entiendo que me ocultes cosas. Soy un Sangre Pura, hay cosas que no le cuento ni a Orión, y él es Orión, sobre todo cosas de Familia y cosas así. Pero si te vas a enfadar conmigo, lo cual sería perfectamente normal porque sé que soy un pesado la mayoría de las veces, quiero que sea por algo que hice, aunque no lo entienda-. Dijo Abraxas, serio. -Y si te vas a enfadar así y luego vienes y te disculpas, me gustaría mucho saber qué ha pasado, porque no es justo y no puedo reaccionar adecuadamente ni ayudar ni siquiera reconocer que no tiene nada que ver conmigo. Ni siquiera me dijiste que necesitabas espacio, habría sido comprensible y no me habría quejado así que... por favor, dime algo, lo que sea-.

Tragó saliva, bajó la mirada para evitar los ojos claros y suplicantes de Abraxas. -Lo siento-.

-De acuerdo-. Abraxas respiró hondo. -Está bien, está bien, no me debes nada Hadrian, sólo dime la próxima vez que necesites tiempo o algo, esto fue realmente horrible-.

Se acercó más a Abraxas, enterrando la cabeza en su pecho y abrazando al hombre, que le correspondió sin dudarlo, llegando a besarle el flequillo, sin apartarse realmente después. Como si fuera Abraxas el que intentaba hacerle sentir mejor, en lugar de al revés. No creía haber hecho un buen trabajo disculpándose, pero supuso que siempre podría intentar hacerlo mejor más tarde. No, lo haría, sólo tenía que averiguar cómo.

THE MISSING PARTS OF HISTORYHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora