Capítulo 38

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- Señorita Hyunjin, ¿No puede dormir?

La azabache soltó el labio entre sus dientes y elevó su mirada hasta el destello de luz tenue donde se encontraba Heejin con una mirada preocupada.

Negó - Es el torneo de natación de Hyeju.

Heejin observó a detalle la puerta de madera completamente cerrada - ¿Puedo? - su mirada regresó a ella, señalando un espacio en el colchón. La menor se sentó, haciéndose a un lado, permitiendo que la castaña se sentirá junto a ella - Debe ser de madrugada, apuesto a que su hermana está dormida sin ninguna preocupación.

Una pequeña curva apareció brevemente en los límites de sus labios - La extraño. Quisiera haberle dicho antes lo orgullosa que estoy de ella.

- La señorita Hyeju lo sabe - Hyunjin bajó la mirada con pena - Parece la clase de chica que está conciente del amor que los demás le tienen - intentó hacerla sonreír.

- ¿Crees que soy una mala persona Heejin?

- No señorita, no lo creo.

- Te he tratado tan mal ¿Por qué te niegas en abandonarme?

- Verá señorita, las personas vulnerables tienden a desestabilizar su entorno.

- ¿Soy vulnerable?

Asintió despacio - ¿Quién le hizo daño señorita Hyunjin? Veo en su mirada una profunda tristeza, la he notado desde que la conocí - Hyunjin no respondió, y Heejin continuó su prosa - La vida es cruel cuando el único sentimiento que conocemos es el dolor. Usamos el corazón solo para sangrar.

- ¿Por qué lo dices? - la miró.

- La reconozco señorita, reconozco su mirada. Es la misma que veo todos los días al espejo. Llena de culpa, llena de arrepentimiento. Llena de... tanto sufrimiento.

- Lamento todo lo que pasaste Heejin, estar en la guerra debió ser horrible.

- Lo fue. Lo fue.

- Sin embargo, te enamoraste.

Heejin sonrió - Conocí el amor, es verdad - Hyunjin bajó su mirada, la noche ya era lo suficientemente triste para agregar una pizca más de dolor - Pero no me enamoré.

- Pero tu esposo -

- Él era todo lo que yo conocía. Mi actitud no era tan diferente a como soy ahora; fría, calculadora y totalmente firme. En aquel entonces, no tenía la disciplina que ahora poseo, pero no era una criminal, solo un alma rebelde intentando sobrevivir.

- Y él te encontró.

- Nos encontramos.

- Sabes Heejin, agradezco que me cuentes sobre tu marido y lo feliz que son pero, no tengo ánimos de escuchar una historia de amor.

- Bien, porque no lo es. Él estuvo en la cárcel desde muy jóven y su buena conducta lo llevó a la marina, era una especie de libertad condicional.

- ¿Qué? ¿Era un delincuente? - frunció el seño - Ahora entiendo porque no quieres decirme su nombre.

- Las personas malas no siempre están tras las rejas. Mirenos, y mire este lugar.

- Me cuesta bastante creer que tú, alguien tan políticamente correcta, esté casada con un ex convicto.

Heejin sonrió - Polos opuestos, supongo.

El ataque a la familia ChoiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora