*018 - SUEÑOS CUMPLIDOS*

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*CAPÍTULO DIECIOCHO*

**DEREK SALVATORE**


Corro. Huyo. Los árboles me arañan los brazos y la cara. La tierra me escupe barro y hojas secas. Me quemo por dentro, asfixiado por pensamientos que revientan contra mi cráneo. Cada paso es una maldita explosión. Me destruyo con cada pisada.

Estoy intoxicado. No sé de qué, pero me enveneno a cada segundo. Odio el canto de los pájaros. Odio las lágrimas de Soraya. Le arruinan la cara. La ensucian. Y lo peor es que yo soy el culpable. El hijo de puta que la hizo llorar.

Soy el monstruo que ella teme. El mismo monstruo que quiere abrazarla y consolarla. El que sueña con ser refugio. Ser algo que no dañe. Eso estaría bien, ¿no? Volver a ser su arma. Su escudo. No esta ruina. No este trozo de hombre que rompe hogares y se rompe a sí mismo.

Me detengo de golpe. Giro en seco, desesperado, mirando en todas direcciones como un animal cazado. Como si eso fuera a mostrarme el camino que la traiga de vuelta.

Desde el cielo, Odas lanza un chillido. Las ramas crujen. El río cercano murmura, constante, como un mal recuerdo que nunca calla.

Dolor. Lágrimas. Sangre. Soraya agoniza en mis recuerdos como si todavía estuviera muriendo frente a mí.

Me siento mareado. El pasado y el presente se mezclan. Se funden. Me empujan a una confusión que no quiero. Que no entiendo. Que no puedo controlar.

Necesito pensar. Necesito lógica. Orden. Soy inteligente. Lo soy. Pero esto...

Veo su cuerpo, ensangrentado, en mis brazos. Ese día creí que se moría. Y sí, una parte de ella murió. Murió la Soraya que no temía. La fuerte. La imparable. La que hacía a los demás agachar la cabeza. Nadie lo sospechaba. Todos pensaban que era frágil, una muñeca rota. Mentira. Era poderosa. Una manipuladora nata.

Y ahora mírame. Estoy hecho mierda.

Si la situación se hubiera invertido, ella ya lo habría solucionado. Porque por más que yo sea un genio, ella lo era más. Ella sabía cómo sobrevivir. Yo solo sé cómo romper.

La dejé en la cabaña. Pensé que era lo mejor. Pero seguro ya huyó. Como la última vez. Como siempre.

¡Se muere! ¡Se muere! ¡Se muere!

La veo. En mi cabeza. Mi mujer riendo. Jugando. Sonriendo. Gritando. Llorando. Golpeando. Humillando. Manipulando. Y luego... callada. Quieta. Sin respirar. Sin pulso.

Grito como un animal. Un grito lleno de fuego y desesperación.

—¡¿Por qué?! —rujo al bosque, al cielo, a lo que sea que quede allá arriba—. ¡¿Quién mierda nos robó la vida?!

TERMINADO | CONTROLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora