Un juego, dos bandos: Indecisos y Controladores.
Soraya está atrapada en su peor época. La muerte de sus padres, la frialdad de su hermana, la sobreprotección de su cuñado, un vecino que la esquiva, un fotógrafo que no la deja tranquila... y una deu...
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*CAPÍTULO OCHENTA*
**SORAYA AGUILAR**
Me duelen los dientes, los dedos, cada extremidad, como consecuencia del frío húmedo que se filtra hasta los pulmones. Los párpados me obligan a permanecer a oscuras en un lugar desconocido.
—¿Despertaste?
La voz extraña suena amistosa... o eso quiero creer. No quiero estar en problemas. Lo último que recuerdo... Un segundo. Es... sí, ya lo tengo. Llegué a casa de Máximo.
El patio estaba abarrotado. Dos bandos bien definidos: los nuestros y los rusos. Lo segundo refuerza una posibilidad inquietante.
Secuestro.
¡Cuádruple estúpida! ¡Me han secuestrado!
Es mi culpa por haber decidido ir sola, aunque también es culpa de la guardia Salvatore. Están muy por debajo de los vory: asesinos letales, moldeados en los agujeros más siniestros de Rusia.
—Muévete. No es bueno quedarte quieta —insiste la voz.
Falta mano firme en las filas Salvatore. Ineptos. Ninguno sirve, a excepción de las cuñadas.
Frente a Derek, cada uno de ellos empapa su ropa sin posibilidad de ocultar el miedo. Temen morir, y por eso son inservibles.
Complacer a una organización criminal los convierte en un chiste patético.
Los jinetes están protegidos por payasos.
—Enfermarás.
Finalmente cedo. Al abrir los ojos me topo con la sonrisa reconfortante de un preso aferrado a los barrotes que separan las celdas. La mía está vacía. La suya no: lo acompaña otro tipo enorme, tan corpulento como él.
Ambos están mugrientos, malheridos. Lleva tiempo desahogándose con ellos alguien que no tiene piedad. Aun así, el primero sonríe, mostrando una dentadura incompleta, manchada de sangre seca. Le faltan uñas; las pocas que conserva están volviendo a crecer desde la raíz. Lo que no volverá jamás es el globo ocular de su cuenca izquierda.
—Tenía miedo de que no despertaras. Aquí, cuando alguien cierra los ojos, normalmente no vuelve.
—¿Aquí? ¿Dónde es aquí? —pregunto, manteniendo la distancia.
Me mantengo alerta. Podría ser un enemigo peor que los que ya enfrento... o solo otro daño colateral, como yo.
—¿Qué recuerdas?
—Información clasificada.
—Lo entiendo. Yo también desconfiaría si estuviera en tu lugar —dice sin dejar de sonreír—Soy Skull, y mi amigo es Dumb. No tomes a mal su silencio. Una puta le cortó la lengua. Aunque, entre nosotros, es el fetiche de este lugar.