Un juego, dos bandos: Indecisos y Controladores.
Soraya está atrapada en su peor época. La muerte de sus padres, la frialdad de su hermana, la sobreprotección de su cuñado, un vecino que la esquiva, un fotógrafo que no la deja tranquila... y una deu...
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*CAPÍTULO OCHENTA Y TRES*
**HUGO DE LEÓN**
Corto la manzana en rodajas, del mismo modo en que cortaría el miembro de Derek.
Obviamente, el mensaje no era suyo.
Ese infeliz, antes de dejarla, se haría el ritual del hara-kiri con la Finismortis.
Aun así, me tiene las pelotas exprimidas: al punto de querer comprobar a qué ritmo le vuelve a crecer la polla después de amputársela.
Nadie le ordenó desaparecer.
Estuvo bien que se largara, considerando los antecedentes; sin embargo, debería haber dejado al menos un medio de comunicación.
Ahora entiendo lo que él debió sentir durante mis años de guerra, cuando yo mismo lo desconocía.
Pero esto no es el pasado.
Ni somos nosotros.
Hay que encontrarlo antes de que mi hermana muera de pena. Mi hermana y mi sobrino.
A falta de una prueba, y tras dos semanas desde la aparición de su antojo y la revolución hormonal —ocho días desde las náuseas— nadie puede negar que voy a ser tío. El rey, el mejor; no me perdonaría ser menos.
Esa información no ha sido compartida con los hermanos, ni lo será con esos inútiles. Ni siquiera saben la ubicación. Tanto chip de mierda para que el gilipollas se lo arrancara.
¡Yo lo mato!
Preparo una vinagreta para la ensalada con un tercio de las manzanas. Otro tercio va para el cerdo asado con manzana y cebolla, al estilo alemán, y lo restante para una compota.
Después de que atacara a Alessandro, probé cocinar con manzanas. Funcionó. Al fin ha vuelto a comer carne, siempre que esté cocinada con manzana roja.
Mientras las elaboraciones terminan, guardo las semillas en la nevera, como ella hace. Cuando se detenga a calcular el espacio necesario para cuatro mil manzanos, querrá más.
Necesitamos más manzanas.
Lo más curioso del antojo es que odiaba la fruta. Antes solo la comía si no había otra cosa; de lo contrario, eran para mí.
Soraya, Odas y Boss aparecen juntos.
A mi perro lo estoy entrenando a la perfección: cumple sin errores la orden de vigilancia pegada a Soraya, y no falla ni siquiera por comida.
Mi perro y yo somos capaces de protegerla.
Eso me recuerda que la estúpida sigue aquí.
Me alegro al saber que la guardia se retiraba, pero la alegría se amargo cuando la africana decidió quedarse.