*051 - EL NIÑO SOLDADO*

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*CAPÍTULO CINCUENTA Y UNO*

**HUGO DE LEÓN**


TRES AÑOS ATRÁS

MARZO DE 2021


La música es mi único consuelo. Incluso cuando la uso en los festivales más sangrientos, sigue siendo mi ancla, la única que evita que mi cabeza se rompa del todo. Mantenerme al borde de la locura, aunque mínimamente estable, es un logro que debo exclusivamente a ella. Mi cerebro es un puré hirviendo y, aun así, nunca he fallado en combate gracias a la influencia de las canciones.

El rock antiguo es mi perdición, aunque no desprecio el moderno; es el género que late en el corazón de la manada.

Los licántropos nacieron para la música. Para cantar a la luna, para armonizar con el caos. Pero con los siglos aprendieron a compartir ese don con el mundo... y a convertirlo en dinero para mantener a nuestras manadas. Más del cincuenta por ciento de los cantantes son lobos; de ellos, el ochenta por ciento forman grupos. Datos que ponen los pelos de punta a ORION.

Sería absurdo que miles de músicos murieran en circunstancias sospechosas. No pueden acabar con nosotros desde las sombras sin pagar un precio.

Otras razas no tuvieron tanta suerte. Los vampiros cayeron víctimas de su arrogancia y codicia. ORION y los inhumanos los eliminaron. Pensaban que podían dominarlo todo mientras el trono estaba vacío, pero la ambición les cobró demasiados enemigos.

Los nigromantes desaparecieron de forma más silenciosa.  ORION fue a por los reyes pensando que controlaría al pueblo. Lo único que consiguieron fue encender la ira y el odio, y empeorar la guerra.

Nadie recuerda cuándo comenzó ni por qué. Hoy, sigue existiendo porque nos negamos a morir. Y aunque ORION esté formada por humanos, hay que ser muy estúpido para subestimarlos.

Camino por la ciudad con los cascos del walkman, reliquia de la época en que me maldije. Mis recuerdos de entonces son fragmentos: tenía cuatro o cinco años, tal vez seis, y ya era un hijo de puta sádico.

Ignoro el panorama bailando. Sacudo las caderas, canto como un lunático. Y lo soy; lo evidente se vuelve mortal cuando aparecen los cadáveres. Esparcidos por el suelo: sin cabeza, desgarrados, apuñalados, disparados... He visto todos los finales posibles. Mi favorito: decapitación.

Subo el volumen, empujo las alucinaciones fuera de mi mente.

Con el final de Highway to Hell, llego al Starbucks. Pido un café cargado y me escondo en el punto más invisible, donde los curiosos no pensarán en nada. Las esquinas atraen miradas; en el centro, entre la multitud, soy solo uno más... a menos que seas yo.

TERMINADO | CONTROLDonde viven las historias. Descúbrelo ahora